aprendizaje

10 cosas que he aprendido al viajar durante un año por el mundo

Durante el último año me he dedicado a viajar por el mundo con el objetivo de conocer qué hay más allá de mi “zona de confort” y enriquecerme como persona, descubriendo diferentes culturas, religiones y estilos de vida. Este periplo ha grabado 10 enseñanzas en lo más profundo de mi ser.

Cuando dejé mi trabajo y salí de casa con la idea de viajar por el mundo durante un año, no sabía qué esperar, era incapaz de imaginar la clase de problemas que se cruzarían en mi camino, no tenía ni idea de cómo funciona la vida fuera de occidente, ni de lo que significa realmente viajar.

Aun así, tarde muy poco en darme cuenta de que el verdadero viaje iba mucho más allá de lo que captaba en fotos y publicaba en las redes sociales, viajar por medio mundo te pone continuamente en situaciones complicadas, en encrucijadas que te fuerzan a evolucionar como persona, haciendo desaparecer cualquier prejuicio o barrera mental de un plumazo, obligándote a pensar de manera divergente y buscar soluciones imaginativas; el verdadero viaje es interior, muchísimo más duro y salvaje que el exterior.

Al marchar, les dije a mis padres que me iba a cursar el “Master de la Vida”, y vaya si lo ha sido. Estas son las principales enseñanzas que extraigo de mi master particular:

   1- Abramos la mente: hay mil maneras de vivir la vida, todas ellas válidas

Estudiar una carrera, hacer un master, encontrar un trabajo de 9 a 5, meterse en una hipoteca para comprar una casa y trabajar lo más duro posible para poder disfrutar de una jubilación digna no es la única manera de vivir. En el camino he conocido personas, tanto occidentales como locales con historias vitales dispares; precisamente, la mayoría de occidentales que me he encontrado querían alejarse del estilo de vida consumista y banal que predomina en occidente, donde la imagen prima sobre todo, sin reparar a lo que se esconde bajo la careta. Por su parte, las gentes de los países poco desarrollados me han demostrado que no es necesario tener un trabajo prestigioso ni sacrificar tu vida por la esperanza de ganar mucho dinero, ya que ninguna de las anteriores opciones garantiza la felicidad, el bienestar ni el equilibrio personal.

No dejes que los demás decidan cómo debes vivir tu vida: sigue tus sueños, lidera tu aventura vital.

“Dentro de 20 años estarás más arrepentido de las cosas que no hiciste que de las que hiciste”. – Mark Twain

   2- La felicidad es una actitud

Cuando ves sonreír a una persona que duerme en la calle y se pasa el día de cuclillas en una esquina, con la piel negra del betún que emplea para limpiar los zapatos de la gente que pasa por allí, entiendes que no hace falta nada para ser feliz. La felicidad está en ti, todo depende de los ojos con los que leas la vida.

Un pequeño truco. Cuando visito algún lugar remoto, siempre pienso “bueno, ya que estoy aquí voy a intentar sacarle el máximo jugo, porque puede que no vuelva nunca”, es un pensamiento bastante común, no es que yo sea un iluminado, pero durante el viaje, al topar con sociedades en las que la muerte está muy presente en la vida cotidiana, interioricé que en esta vida estamos de paso, así que, ya que estoy vivo, y como no tengo la convicción de que lo vuelta a estar después de muerto, quiero sacarle el máximo jugo a mi tiempo aquí, a cada momento de mi vida. Entonces, tengo dos opciones, enfurruñarme cuando algo no me gusta (y así disfrutaría sólo durante el 50% del tiempo) o disfrutar de todo lo que haga, poner amor en cada tarea, hacerla a gusto. Mucha gente me dice “Aitor, eres un tío con mucha suerte” y mi respuesta siempre es la misma, tengo la suerte que quiero: cuando fracaso me lo tomo como experiencia, cuando la situación se pone peliaguda como aventura, etc.

“Viven como si no tuviesen que morir para finalmente morir como si no hubieran vivido”. – Dalai Lama

   3- Las ideas negativas brotan del desconocimiento y la imaginación nos juega malas pasadas

(He de decir que esta conclusión no es mia, la aprendí del Dalai Lama cuando atendimos a uno de sus seminarios)

Cuando nos encontramos ante una situación extraña, ante algo nuevo que no entendemos y que no encaja con nuestra manera de concebir el mundo, como cuando yo no entendía a los indios, por ejemplo, los pensamientos negativos empiezan a brotar, me preguntaba por qué los indios actúan de una manera tan poco lógica y racional, mi mente divagaba en busca de respuestas, y los pensamientos negativos brotaban; incomprensión, rechazo, ganas de darles una paliza y enseñarles a hacer las cosas como Dios manda y ser personas civilizadas. Mi mente occidental no era capaz de racionalizar la situación, mi ignorancia, mi incomprensión hacia otra cultura me angustiaba; pensamientos negativos brotaban en mi mente por culpa de la ignorancia, por no saber entenderles.

Lo que propone el Dalai Lama ante esta situación es dar amor. Dar amor a eso que no entiendes, quererlo como si fuese tuyo, porque todos estamos conectados. Si yo hubiese nacido en India hubiese tenido esa vida; sería uno de esos indios que no entendía. No hace falta comprender nada, no podemos ser sabios en todo, lo que está en nuestra mano es respirar, sonreír y tratar con amor eso que nos hace sufrir, porque es parte de nosotros.

Cuando a nuestro desconocimiento se le une la imaginación, empezamos a montarnos películas como: “la ciudad a la que estoy a punto de llegar va a ser peligrosa y tengo que estar preparado”, “este taxista me va a atracar”, “ese vendedor se va a poner agresivo porque no le compro y va a venir con sus colegas a partirme las piernas”, etc. En el 100% de los casos mi imaginación ha planteado un escenario mucho peor que el que realmente se ha dado después; la imaginación nos juega malas pasadas, nada es tan grave como nos lo imaginamos, nos angustiamos en vano por puro desconocimiento. Con el tiempo aprendí a ser un mero espectador cuando mi imaginación se ponía a dramatizar situaciones, lo cual es muy útil ya que te hace estar alerta pero sin angustiarte.

   4- Cuantas menos posesiones tengamos mas libres somos

Otra manera de verlo es mediante la mítica frase “no es más rico el que mas tiene sino el que menos necesita”. Vivir durante un año con lo que cabe en una mochila es liberador (y muchas veces tenía la sensación de que podía prescindir de la mitad de las cosas que tenía en la mochila). De repente tienes algo que has de cuidar, tienes algo que puedes perder, has de elegir y renunciar, etc. El querer cosas materiales nos ata a objetos efímeros y en cierto modo nos hace sufrir; “cuidado no se vaya a romper”, “ojo que se mancha”, “se ha estropeado :_)”. Y bueno, si esa “cosa” nos gusta y nos ayuda a disfrutar de la vida, genial, pero la mayoría de las cosas que poseemos no nos hacen falta para nada; solo nos dan quebraderos de cabeza.

Prueba a vivir con menos, es uno de los mejores consejos que puedo dar.

“Pobre no es el que tiene menos, sino el que necesita infinitamente mas para ser feliz”. – San Agustín

   5- Vivir en contacto con la naturaleza ayuda a tener una vida equilibrada

Tanto en occidente como en las ciudades de todo el mundo, vivimos un estilo de vida totalmente desnaturalizado. En teoría, nos regimos por la regla de los tres ochos: 8 horas para dormir, 8 horas para trabajar y 8 horas para uno mismo. La realidad es que pase lo que pase, tenemos que desmayarnos cada día sobre la cama a la misma hora porque tenemos un horario fijo de trabajo que debemos cumplir; durante estas horas de trabajo debemos dejar de lado nuestra vida, nuestra familia, nuestras necesidades básicas. Al salir del trabajo, empiezan las 8 horas que debemos dedicarnos a nosotros mismos, pero primero toca ocuparse de todo ese trabajo colateral que generan nuestras posesiones: renovar el seguro del coche, papeleo con hacienda, visita al banco porque te han cobrado una comisión que no debían, pasar por el supermercado porque tienes dos descuentos para dos productos que nunca has comprado ni necesitas, la lavadora se ha estropeado y hay que llamar al técnico, pedir hora para el fisioterapeuta porque tienes la espalda destrozada por pasar 8 horas sentado frente al ordenador, deberías ir al gimnasio pero qué pereza, recoger al hijo de las clases de inglés, llevarlo al médico que anda mal de las tripa, preparar la cena que es necesario alimentarse correctamente, etc. Total, que las 8 horas que tenías para ir al monte, se te han ido en un plisplas arreglando los problemas que “tus comodidades” te han generado.

Es muy complicado mantener el equilibrio de esta manera. En los entornos rurales de los países poco desarrollados aun mantienen su modo de vida tradicional en el que el trabajo y la vida personal están ligados, las mujeres se llevan a sus hijos al campo o los atan a su espalda mientras hacen las labores domésticas, siempre acompañadas de otras compañeras; se trabaja en sociedad. Los hombres hacen lo mismo, socializan con sus compañeros, toman té juntos mientras trabajan, etc. No existen los horarios, se trabaja para saciar las necesidades básicas.

En un tono menos racional y más espiritual, estar en un entorno puramente natural alimenta el alma, da una paz interior alucinante. Cuando me adentré durante un par de días en la selva del norte de Sumatra para avistar orangutanes, uno de los guías me dijo: “you will not find WiFi in the jungle, but you will find a way better connection”. Sin duda tenía razón, los centenarios árboles, sus verdes y carnosas hojas y los sonidos de los animales salvajes cargan las pilas de nuestro espíritu. Algo similar sucede cuando nos encontramos en medio de un extenso desierto: en un desierto no hay nada, pero nada de nada, nada que nos distraiga, nada que nos invada, estamos solos con el sol, el viento, la luna, las estrellas y nosotros mismos, el entorno es tan neutro y carente de estímulos que no podemos eludir tener una cita a solas con nosotros mismos y conocernos mejor.

Para cerrar esta reflexión y ligarla con la anterior, diré que destrozamos el medio natural para extraer materias primas que durante esas 8 horas de trabajo convertimos en objetos que después nos vemos obligados a comprar (claro, porque sino la economía de consumo colapsa y todos perdemos nuestro trabajo). Total, que estamos convirtiendo lo que nos da paz y armonía en dolores de cabeza.

“El hombre occidental pierde la salud para ganar dinero y después pierde el dinero para recuperar la salud”. – Dalai Lama

   6- Eres capaz de cualquier cosa, si quieres, puedes, pero ten cuidado con lo que deseas

Aunque te sientas en la mierda, y totalmente incapaz: ¡PONTE A ELLO! Si es algo vital, lo harás, no te queda otra. Si no lo haces… o no era tan importante o no lo deseabas profundamente.

Aun así, ¡ojo! solo podemos pretender conseguir objetivos que dependan de nosotros mismos; intentar cambiar la forma de ser de una tercera persona, o que alguien se enamore de ti… hasta donde yo sé, son terrenos muy farragosos y poco recomendables por el bien de todos. Debemos centrarnos en dirigir nuestras actitudes.

Ten cuidado con lo que deseas, ten cuidado con lo que le pides a la vida, porque puede hacerse realidad. Mis experiencias personales me han llevado a creer en la ley de la atraccion, que viene a decir que las cosas que deseamos de todo corazón determinan nuestro destino; mi vida está llena de curiosas casualidades y extrañas coincidencias.

   7- No hay que forzar las cosas; déjate llevar, vive el momento, fluye

Todo tiene su cauce, si cortas o precipitas el flujo natural de los acontecimientos, si fuerzas las cosas, puede haber consecuencias. Mientras hacíamos el trekking del Annapurna, tiré del grupo montaña arriba en vez de tomarnos un par de días para aclimatarnos, aunque en cada guía que he leído recomiendan fuertemente hacerlo. Convencí al grupo porque yo me sentía como una rosa, y otro tuvo que abandonar la aventura, moribundo por culpa del mal de altura.

Vivimos en una sociedad con horarios fijos y rígida planificación, lo cual nos priva de gozar de las sorpresas que nos pueda traer la vida, le damos la espalda al momento presente en harás de un futuro mejor, pero ¿cuando llega ese futuro? Por supuesto, no debemos hipotecar el futuro con nuestras acciones presentes, pero debemos pensar menos y sentir más, dejarnos llevar, fluir, vivir el momento, dejar que suceda lo que tenga que suceder, no sobreplanear y ser flexible, no enfadarnos si algo no sale como esperábamos, debemos estar abiertos a lo que nos traiga la vida. Cuando se cierra una puerta, en vez de protestar y darnos cabezazos contra ella debemos levantar la vista y reparar a la cantidad de puertas y ventanas abiertas que tenemos alrededor. Deja de preocuparte, preocuparse por algo que no ha sucedido es como ir por ahí con un paraguas abierto esperando a que llueva; ya lo abrirás cuando empiecen a caer las primeras gotas.

“Por pensar ansiosamente en el futuro no disfruta del presente, por lo que no vive ni el presente ni el futuro”. – Dalai Lama

   8- Generamos problemas que no existen porque estamos programados para resolver problemas, pero ¡OJO!, que todo puede ir a peor

Es curioso cómo el ser humano busca retos continuamente, el problema es que en occidente, al tener todos los problemas básicos resueltos, tendemos a dar mucho bombo a pequeñas cuestiones. Además, como son problemas que están totalmente controlados (no vamos a morir porque el metro se atrase 2 minutos o porque la tapa del váter esté levantada), nos permitimos el lujo de volvernos locos, de perder los nervios, de gritar, hacer aspavientos, etc.

Cuando una persona se encuentra ante un problema de verdad, la reacción natural es diametralmente opuesta: chute de adrenalina, cabeza fría, analizar la cuestión, proponer soluciones y darle caña. Cuando se nos estropeó el todoterreno cruzando una poza en el Delta del Okavango, a 180 kilómetros del pueblo más cercano, nadie perdió los estribos, no podíamos permitirnos ese lujo.

Cuando pienses que algo no puede ir peor y que ya ha sucedido lo peor que podía suceder, ¡TE EQUIVOCAS! Todo puede ir mucho peor, así que deja de quejarte y fíjate en lo bueno. En el Himalaya, en las inmediaciones del Annapurna, nosotros nos quejábamos del frío que hacía en el hospedaje, pensábamos que la situación no podía ser peor, y terminé envuelto en una expedición nocturna de emergencia para salvar la vida de un compañero, a -10 grados.

   9- La sonrisa es el mejor pasaporte

Una sonrisa abre más puertas que cualquier llave. La sonrisa es un idioma internacional, todo ser humanos sabe lo que significa; no pares de sonreír.

  10- Conócete y se tú mismo

Conocerse a uno mismo es primordial, muchas veces la educación que recibimos nos alecciona sobre quien debemos ser y qué debemos desear, dejamos que los anuncios de la televisión den forma a nuestros sueños, etc.

Al mismo tiempo, muchas personas necesitan estar continuamente rodeadas de gente, ¿por qué? puede que cuando están solas se sientas incómodas porque se den cuenta de que están con alguien que no conocen; consigo mismos. Viajar ayuda a conocerse a uno mismo, y la siguiente frase la tomo prestada de mi amigo Borja, quien bajo las estrellas del desierto del Sahara recitó lo siguiente: “Viajar es cambiar de circunstancias. Al cambiar de circunstancias el yo se va filtrando hasta que sólo queda lo que se ha mantenido en todas las circunstancias; lo puro”.

Las personas que se conocen y se aceptan, las que están en paz consigo mismas, las que miran a los ojos sin avergonzarse, irradian energía y amor, seguridad, aplomo y respeto; cualidades que ninguna careta ni disfraz que nos pongamos puede superar.

“Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo”. – Benjamin Franklin

Etiquetas: