Bañarse gratis en el Mar Muerto

El Mar Muerto es famoso porque dado su alto contenido en sal, como podéis comprobar en la imagen, las personas flotamos sobre la superficie del agua. La típica imagen es la de una persona leyendo el periódico o un libro mientras flota plácidamente en el mar. De todas formas, todo no es tan guay como parece a simple vista, aunque finalmente conseguimos bañarnos gratis en el Mar Muerto.

La forma alargada del Mar Muerto hace que tenga dos orillas contrapuestas, una perteneciente a Israel y la otra perteneciente a Jordania. En el lado israelí se vislumbran grandes complejos hoteleros e infraestructura turística en general, mientras que en la parte jordana, la infraestructura se concentra en la punta norte. Nosotros, al estar en la orilla jordana, quisimos darnos un baño en el Mar Muerto sin tener que pagar, gratis.

Las propiedades del Mar Muerto

El Mar muerto tiene unas propiedades únicas. Con 80 kilometros de largo y un ancho máximo de unos 16, pese a su nombre, es más bien un lago. Su único afluente es el río Jordán, que cada vez reporta menos agua ya que sus aguas se emplean para el riego de plantaciones. El Mar Muerto está a 430 metros por debajo del nivel del mar lo cual hace que el clima sea especialmente cálido, y además, llueve muy poco, lo cual propicia la evaporación del agua. Todas estas características propician que los minerales que trae el río se depositen en el mar y no salgan más de ahí, haciendo que el Mar Muerto tenga una salinidad 9 veces mayor que la de los océanos; una salinidad promedio del 28% frente al 3-4% de los mares. Y ya sabemos lo que sucede cuando le añadimos sal al agua, que aumenta la flotabilidad de los objetos.

Todo lo anterior, a su vez, hace que el agua del Mar Muerto tenga un efecto corrosivo para la piel humana. Aunque los lodos se emplean para tratamientos de belleza y deben de tener propiedades curativas y las aguas deben de curar algunas dolencias de la piel, no se recomienda bañarse en sus aguas con heridas abiertas, ni sumergir la cabeza, ni mucho menos abrir los ojos.

Bañarse gratis en el Mar Muerto… ¿Buena idea?

 

Volviendo de Petra hacia el norte, para cruzar la frontera a Israel, queríamos darnos un chapuzón en el Mar Muerto, pero sin tener que pagar por ello, aunque nos dijeron varias veces que no era posible bañarse gratis en el Mar Muerto. Así que se nos ocurrió la feliz idea de, en vez de ir a algún complejo hotelero o espacio preparado para el baño, pararnos en un sitio cualquier para zambullirnos en el mar. La vedad es que la elección del lugar fue pésima, paramos el coche en un arcén, porque vimos que había más coches de gente local, y bajamos por entre escombros y riachuelos de aguas de dudosa procedencia hasta llegar a la orilla que estaba llena de residuos. Pese a todo, y con toda nuestra cabezonería, nos metimos en el agua.

El agua es oleosa, muy poco apetecible, la piel pica, y aunque es divertido porque se puede flotar; el agua no es para nada apetecible. Estuvimos 10 minutos nada más y salimos corriendo de vuelta a la carretera, en busca de una fuente de agua dulce que vimos al pasar con el coche. En nuestra vuelta al asfalto, nos chocó ver a los jordanos rebozándose en el lodo, rodeados de restos de paquetes de patatas y bolsas de supermercado. Corrimos hasta la bendita fuente y nos metimos todos los chicos juntos bajo el chorro, Adrían tenía la piel bastante irritada, y el agua dulce nos alivió a todos.

Todo iba sobre ruedas de nuevo cuando apareció un chico con una pinta horrible, tenía la piel quemada, creemos que por el mar, y nos dejó claro desde el principio que no se acercaba para ser nuestro amigo. Quería que pagásemos 5€/persona por usar la fuente, para ganar tiempo, negocié con él mientras seguíamos refrescando la piel con el agua dulce, y nos lo dejó a 1€ por persona. Pero nosotros no teníamos ninguna intención de pagar, y le dijimos que no teníamos dinero encima y que teníamos que ir al coche a por él. El chico nos insistió en que volviéramos si no queríamos tener problemas, pero nosotros nos fuimos sin ningún ánimo de regresar.

Les contamos lo ocurrido a las chicas, y ellas no quisieron ducharse, así que se frotaron lo mejor posible con la toalla y nos metimos todos en el coche rumbo a Madaba, ciudad desde la que partiríamos el próximo día hacia Israel, previo paso por Amman para entregar el coche. ¡Ah! Aunque antes paramos a ver el atardecer sobre el Mar Muerto.

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