Parlamento húngaro

Budapest: bueno, bonito y barato

Budapest es un lugar genial: bueno, bonito y barato. Nada más pisar la capital húngara uno mismo puede percibir la importancia que tuvo el enclave en el pasado, casi se puede vivir la historia, y es que salta a la vista la herencia del imperio austro-húngaro: grandes avenidas con imponentes fachadas, el edificio de la ópera, la primera línea de metro de Europa continental, etc.

Magyarország es el nombre de Hungría en húngaro, y significa “país de los magiares“. Las tribus magiares, los antepasados de los húngaros de hoy en día, vinieron desde lo Montes Urales en el siglo VII, se asentaron, y 1.300 años después siguen donde se quedaron. Al ser una etnia aislada con un idioma aislado, los húngaros han tenido que luchar en solitario durante mucho tiempo para preservar sus costumbres e idioma, lo que les hace estar muy orgullosos de ser húngaros: ¡y vaya si se nota!

Estatua Budapest

Llegué a Budapest en tren desde Viena, y la llegada fue bastante impactante: la estación es vieja y está llena de trenes viejos, hay luces fundidas y gente que no inspira excesiva confianza ofreciendo servicios de taxi. Al bajar al metro la cosa no mejora: todo es viejo, no admiten tarjeta de crédito, no encontrábamos cajeros… un desastre. Al final conseguimos sacar dinero y montarnos en el metro que nos llevo hasta el hostel. La fachada de la casa en la que estaba ubicado el hostel se caía a cachos, tocamos el timbre, abrimos la puerta del portal, y ¿qué era aquello? Parecía que había pasado Atila por allí, todo estaba viejo o roto. Por suerte el hostel era acogedor y la recepcionista muy amable, lo cual nos hizo sentirnos más relajados. Solemos relacionar las cosas viejas con cosas malas, y no podemos estar más equivocados.

Qué ver en Budapest

Lo que nosotros hicimos fue apuntarnos a un free tour para ver la ciudad, aunque hacía mucho frío y llovía a ratos, no podiamos quedarnos sin descubrir Budapest. Una joven estudiante húngara que hablaba castellano a la perfección nos guió durante unas cinco horas por toda la ciudad. Budapest es precioso, las fachadas están viejas y muchos palacetes abandonados, lo que posibilita transportarse a hace 100 años, época en la que Budapest fue un lugar señorial. Un pequeño apunte antes de empezar: Budapest es la unión de dos ciudades, la de Buda y la de Pest, separadas por el río Danubio.

  • Baños Széchenyi: Budapest destaca por sus aguas termales, y los baños de Széchenyi son los más famosos de la ciudad. El complejo en el que se encuentra es enorme y muy completo: piscinas exteriores, piscinas interiores con distintas temperaturas… Una auténtica gozada. Nosotros fuimos en febrero, y aunque hacía un frío de pelar en la calle, y nevaba, dentro del agua se estaba muy a gusto. Una experiencia que no os podéis perder.

Baños de Szechenyi

  • Avenida Andrassy: situada en Pest, además de ser Patrimonio de la Humanidad, es la calle principal de Budapest. Está repleta de preciosos edificios de estilo neo-renacentista y por debajo de la calle transcurre la línea 1 del metro de Budapest, la primera línea de metro de Europa Continental.
  • El Parlamento: está situado en Pest, y es un edificio espectacular, el más llamativo de toda la ciudad. Mide 96 metros de alto, lo mismo que la catedral, lo que simboliza que el poder político y el eclesiástico están a la par. Durante la época soviética, pusieron una estrella roja en la punta de la cúpula, para que midiese algo más.

Parlamento húngaro

  • Ópera de Budapest: nos contó la guía que durante el periodo austro-húngaro no había edificio de la ópera en Budapest, y que en caso de querer acudir a la ópera era necesario desplazarse hasta Viena. Como la emperatriz Sisi pasaba mucho tiempo en Budapest, y ante la presión popular, se mandó construir una ópera, pero debía ser más pequeña que la de Viena. Así pues, el arquitecto se esmeró en los detalles para que, aunque más pequeña que la de la capital del Imperio, el edificio de la Ópera de Budapest lo superase en belleza. Y lo logró, cuentan que Francisco José I acudió a la inauguración y que se enfadó al presenciar la belleza de la edificación.

Opera de Budapest

  • Puente de las Cadenas: es el puente que unió por primera vez la parte de Buda y la parte de Pest. En su época se empleó ingeniería puntera para salvar los 200 metros de ancho que tiene el río Danubio a su paso por Budapest. Este puente tiene una historia bonita y trágica a partes iguales, y es que durante el invierno se podía cruzar el Danubio congelado a pie o en coche de caballos. Pero cuando empezaba el deshielo, desaparecía totalmente la conexión entre las dos orillas. El conde István Széchenyi tuvo que esperar una semana entera en 1820 hasta que encontró un navegante lo suficientemente valiente como para trasladarle de Pest a Buda entre las flotantes placas de hielo. El conde debía cruzar el río para visitar a su moribundo padre, y por esperar una semana no llegó a tiempo para ver a su padre antes de que muriese. Fue entonces cuando ofreció sus rentas de un año entero para construir un puente permanente sobre el río.
  • Castillo de Buda: En lo alto de Buda se sitúa el Castillo de Buda por el que pasamos de puntillas, y solo vimos por fuera. Fue la residencia de los Reyes de Hungría.

Castillo de Buda

  • Bastión de los Pescadores: es un mirador situado en lo alto del monte de Buda desde el cual hay unas vistas impresionantes de todo Pest, y sobre todo, del Parlamento.

Mirador sobre Pest

Dónde comer en Budapest

Budapest es muy barato, es una ciudad en la que da gusto salir a comer. Aun así, nosotros como íbamos con un presupuesto de 600 euros para los 14 días de Interrail solo nos autopermitimos salir a cenar un día. Fuimos al Trofea, es un lugar en el que se come de escándalo a un precio irrisorio: es un buffet con parrilla, así que puedes degustar todo tipo de manjares ya preparados y ordenar toda la carne que quieras. ¡La bebida es gratis! así que además de comer como locos nos metimos una botella de champán cada uno. La factura total: 15€/persona.

Por donde salir en Budapest

En Budapest hay un montón de edificios abandonados, y la dinámica generalizada ha sido la de montar bares en sus bajos, para así ocupar los espacios y evitar su demolición. Estos bares se han hecho con colaboración ciudadana, así que la decoración de los interiores es impresionante. Por destacar uno voy a mencionar el Szimpla, un verdadero espectáculo: sofás hechos con bañeras, asientos hechos con bicicletas, etc. Hay bares fantásticos repartidos por toda la ciudad, precisamente el mencionado es el menos barato, pero en otro cualquiera un combinado bien preparado cuesta unos 3€.

Szimpla

Budapest es una de mis ciudades europeas favoritas, posiblemente la favorita: buena, bonita y barata.