Orangutan Sumatra

Bukit Lawang: trekking con orangutanes en la selva de Sumatra

El poblado de Bukit Lawang se sitúa al norte de la isla de Sumatra, Indonesia. El pequeño asentamiento humano marca el final de las plantaciones de aceite de palma y el comienzo de la jungla; virgen, imponente y bella. Dicha selva es uno de los únicos dos lugares del mundo en el que habitan orangutanes en estado salvaje.

Bukit Lawang es conocido por el centro de recuperación de orangutanes que se encuentra en las inmediaciones del poblado; se pueden hacer incursiones en la selva para avistar orangutanes en estado salvaje y semisalvaje.

En los bosques de Sumatra quedan unos 600 orangutanes en total, y esta cifra se ve reducida cada año.

Que ver y hacer en Bukit Lawang

En total estuve 4 noches y 3 días en Bukit Lawang, y considero que es suficiente para adquirir las principales experiencias que el lugar ofrece.

Día 1

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Comencé el primer día paseando por el poblado y me saqué fotos con todos los locales que me lo pidieron, el color blanco de mi piel junto con el vello de mis brazos y piernas les fascinaba (menos mal que me afeité la barba el día anterior a llegar a Indonesia, que sino…). El caso más curioso fue el de unos escolares que estaban de excursión por la zona: la profesora, rodeada de excitados alumnos, me paró y me pregunto muy amablemente si sus alumnos podían hacerme unas preguntas en inglés como parte de una tarea del colegio, y ahí estuve casi una hora con ellos.

Bat Cave Bukit Lawang

Dejé atrás el poblado y visité la Bat Cave o “Cueva de los Murciélagos”, repleta de galerías por las que había que pasar a gatas, y después me di un buen baño en el cristalino río.

Por la tarde reservé la actividad que ocuparía mis próximos dos días, y después me relajé en la hamaca leyendo y admirando las vistas a la jungla.

Día 2

Era el día, el día que comenzaba el trekking, el día en el que me adentraría en esa imponente y a simple vista impenetrable jungla para intentar avistar a nuestros primos cercanos: los orangutanes. Por cierto, la palabra orangután, viene del indonesio, y significa literalmente “hombre de la selva”.

El grupo del trekking lo conformábamos dos ingenieros ingleses que vivían y trabajaban en Singapur, una pareja belga de ascendencia marroquí, una canadiense de Quebec, una estudiante holandesa, dos guías locales y yo. ¡Nos lo pasamos genial!

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Nada más comenzar a caminar por la jungla tuvimos la suerte de ver monos de varios tipos. Hacia un calor sofocante y la humedad era extrema, además, estábamos continuamente andando montaña arriba y montaña abajo por caminos inexistentes, peleándonos con la maleza. No he sudado tanto en toda mi vida. Aun así, el momento en el que avistamos el primer orangután fue pura magia, ver a un gigante rojo moviéndose con esa soltura entre las ramas de un árbol centenario no tiene precio.

En total vimos 10 orangutanes en todo el día, aunque sólo uno de ellos se acercó a nosotros. También vimos a dos de ellos aparearse, lo cual no es nada común, fue la primera vez que los guías presenciaban semejante espectáculo; la hembra con el bebé a cuestas intentaba huir entre chillidos mientras el macho la agarraba para consumar. Todo esto subidos a un árbol y saltando de rama en rama.

Caminamos durante horas por la jungla, comimos frutas, nos bañamos en unas pozas y al final del día llegamos a la orilla del río, lugar en el que pasaríamos la noche.

Antes de que anocheciese nos divertimos jugando en las fuertes corrientes del río, y después de darnos un festín con la cena, los guías nos enseñaron distintos juegos y trucos de magia; “Welcome to the Jungle, we’ve got fun and games” decían

Día 3

Nos despertamos en aquel inigualable paraje, desayunamos y nos pusimos en marcha de nuevo. Llegamos a una pequeña cascada y nos dimos un buen baño. Los guías hicieron pinturas con las arcillas del fondo de la poza, y nos pintamos la cara. Para condimentar la estampa, había monos correteando por las inmediaciones.

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Volvimos al lugar en el que habíamos pasado la noche, nos dieron de comer, y jugamos un rato con los monos que se acercaban a curiosear antes de volver a Bukit Lawang. Pero, ¿Sabéis cómo volvimos a Bukit Lawang? Río abajo, sobre unos neumáticos: una experiencia redonda.

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Una vez en Bukit Lawang, me cambié de hostel a la habitación de la chica canadiense y la holandesa, y el siguiente día viajamos juntos al Lago Toba.