Prijepolje Monastery

En la Serbia profunda: Prijepolje

Prijepolje es un pequeño pueblo al sur de Serbia, a pocos kilómetros de la frontera con Montenegro. Vinimos hasta este lugar remoto de Serbia porque mi amigo y acompañante de viaje tiene familia aquí. A primera vista, parece un pueblo en el que no hay nada de nada, pero las apariencias engañan, el verdadero valor de Prijepolje está en sus gentes.

Llegamos hasta Prijepolje en coche desde Novi Sad, 292 kilómetros. ¿Fácil no? Yo siempre calculo que puedo recorrer aproximadamente 100 kilómetros en una hora, así que pensé… “Serán algo menos de 3 horas”. Tardamos todo el día en llegar: no hay autopista. En Serbia hay una sola autopista (que está en mal estado y sin terminar del todo) que recorre el norte del país juntando las tres ciudades principales. Así que, desde Novi Sad hasta Prijepolje pudimos disfrutar del hermoso paisaje y las carreteras llenas de curvas y parches. Fue realmente interesante el viaje, ya que pudimos ver cómo es Serbia de verdad. ¿Y cómo es de verdad? Pues, pobre. La mayoría de las casas están hechas a mano, y como no es algo imprescindible, no tienen fachada, el ladrillo está al desnudo. Hay señoras en burro por las carreteras, tractores de hace 40 años y demás cosas que te puedas imaginar.

Un alto en el camino

Un alto en el camino

La experiencia en Prijepolje

Nos alojamos en casa de unos familiares de mi amigo Maks, eran tres en casa: marido, mujer e hijo. La casa estaba construida por el marido, ¡y tenía fachada!

Nada más llegar nos ofrecieron café (que en Serbia se toma a todas horas) y comida. Mi amigo y su novia me hacían de interpretes para poder comunicarme con la familia, y estuvimos charlando hasta que nos fuimos a dormir. A mi me dejaron una habitación en la que había dos camas, y a Maks y su novia una habitación con cama de matrimonio, lo que significa que la familia entera se hacinó en una sola habitación para darnos más espacio a nosotros.

Los días que pasé allí fueron muy especiales, Serbia está geográficamente situado en Europa, y rodeado de países de la Unión Europea, pero la realidad que se vive allí es muy distinta: están aislados. Son súper amables, se come de escándalo, y aprendí muchísimo de su forma de pensar. Hace casi quince años que se acabó la guerra en los Balcanes, y no olvidan que la OTAN bombardeó su país, no les gusta lo americano, y sienten un gran aprecio hacia Rusia.

Además, esta zona en concreto tiene un problema añadido, y es que hace veinte años, la población musulmana de Prijepolje representaba el 10% del total, y a día de hoy representa el 50%. Para los serbios es un duro golpe, ya que ellos consideran que Kosovo es el lugar originario de la etnia de los serbios, y han perdido ese territorio porque los albaneses (musulmanes) que se instalaron en la zona se han reproducido a un ritmo bestial hasta convertirse en mayoría. Exactamente la misma dinámica que se vive en toda esta zona, porque los musulmanes tienen de media 7 hijos por mujer, mientras que los serbios no llegan a tener 2.

De todas formas, los serbios están muy orgullosos de ser serbios, y defienden su país por encima de todo. Creen que su país es de lo mejor que hay, y mi opinión sobre esto es que el orgullo es lo único que les queda, porque Serbia se ha quedado (o la hemos dejado) realmente atrás en todos los aspectos.

Anécdotas de Prijepolje

Hay varias pequeñas anécdotas: que cuando los chavales me intentaban enseñar serbio era total y absolutamente incapaz de pronunciar correctamente (al final lo conseguí), o que todos flipaban con mi iPhone 5, pero la anécdota principal es de la noche que salimos de fiesta.

Visión nocturna

Visión nocturna

Una noche salimos a tomar algo, a un bar. Íbamos Maks y su novia, el primo y la prima de Maks, la novia del primo de Maks y yo. Seis personas que nos metimos en un bar y comenzamos a beber rakia. En Serbia son muy hombres, y les gusta demostrar su hombría, yo tampoco me quería quedar atrás, así que empezamos a beber y a beber, a invitarnos los unos a los otros y el barman no paraba de sacarnos jarras de rakia que nos encargábamos de beber chupito a chupito. Bueno… la cosa terminó conmigo bailando encima de un coche y unos jóvenes viniendo a pegarnos. Yo no recuerdo nada de nada, pero eso es lo que me contó mi amigo, ¿será verdad?

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