Gargantas del Todra

Las Gargantas del Todra

Fue una recomendación de última hora que terminó siendo todo un descubrimiento. Partimos de Aït Ben Haddou sin un rumbo claro, y terminamos en las Gargantas del Todra; un lugar fascinante. Dos paredes se ciernen sobre un estrecho paso por el que transcurre el río, formando una impresionante garganta que atrae un montón de escaladores cada año.

Pusimos rumbo a las Gargantas del Todra sin saber muy bien a dónde íbamos. No sabíamos qué esperar, pero en cuanto nos vimos embutidos entre dos paredes de 200 metros de alto, supimos que habíamos llegado a las Gargantas del Todra.

Nos alojamos en el albergue etoile des gorges, un lugar modesto, limpio, lleno de amables bereberes, y, sobre todo; barato. Pagamos 120 dirham por persona con cena y desayuno incluidos (sólo disponen de luz eléctrica de nueve a once de la noche). El recepcionista se llamaba Mohamed, un hombre con el que hicimos muy buenas migas: nada más llegar, nos facilitó un lugar para aparcar el coche, nos dejó aposentarnos, y mientras rellenábamos los papeles con nuestra documentación, nos sirvieron té, que por estas latitudes es símbolo de hospitalidad. Acto seguido, pero sin prisa, Mohamed nos acompañó a dar un paseo por las gargantas. Nos estaba mostrando dónde comienza la ruta que cruza las gargantas por lo alto de las montañas cuando empezó a llover, y pocas veces he visto a una persona disfrutar tanto de la lluvia, decía que el agua de la lluvia purifica el alma, y aprovechó para contarnos un par de enseñanzas del islam. Al volver al hostal, la cena estaba lista.

Los cinco clientes del hostal, una pareja de jóvenes londinenses, un madrileño, Borja y yo, cenamos juntos en el salón mientras los locales cenaban en la cocina. Al acabar, vinieron todos al salón con sus instrumentos, y comenzó la fiesta. Fue una experiencia realmente interesante, compartimos conversaciones y té; nos sentimos como en casa. A las once de la noche se fue la luz, pero no fue suficiente para parar a los músicos, que siguieron tocando durante horas bajo la luz de una lámpara de gas.

Montañas Todra

Amanecimos pronto, madrugamos para adentrarnos en el monte y subir a lo alto de las gargantas. No conocíamos muy bien el camino, pero aun así no tuvimos grandes problemas, presenciamos hermosos paisajes mientras ganábamos altura, y pasamos por un campamento de nómadas. La ruta de 3 horas terminó con un reparador chapuzón en el río.

Teníamos prisa por marcharnos, ya que debíamos llegar al desierto de Erg Chebbi antes de las cinco de la tarde, pero Mohamed insistió en enseñarnos su tienda. Así que no nos quedó más remedio que ir a su tienda, tomar un té sentados en el suelo, y mercadear: una algandora a cambio de tres camisetas, unas zapatillas viejas y 5€. La ropa que le dimos sería para los nómadas (y esta vez sí me lo creo, no como en Aït Ben Haddou).

Valle Todra