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Las Cuevas de Ajanta, vestigios de la India budista

No hubiésemos dado con las Cuevas de Ajanta de no ser por la Lonely Planet. Están en medio de la nada, en el centro del país, lejos de las zonas turísticas, pero a nosotros, que estamos explorando India de sur a norte, nos han venido a pedir de boca estas maravillosas cuevas.

Cómo llegar

Las cuevas están situadas en el norte del estado de Maharashtra, para llegar allí, tuvimos que dormir en Jalgaon (donde encontramos un hotel muy bueno a precio asequible), a 60 kilómetros de las cuevas, y tomar un autobús para llegar a ellas. El autobús fue todo un espectáculo, un deporte de riesgo en toda regla, y pudimos ver paisajes tan típicos y preciosos como… este:

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De todas formas, y tras pagar 63 rupias por el trayecto en bus, nos bajamos en la T Junction, a 4 kilómetros de las cuevas. Allí nos abordó un indio que quería que visitásemos su tienda… pero pasamos de él, pagamos 10 rupias la entrada, desayunamos (porque en Jalgaon están todos los restaurantes cerrados hasta las 9 de la mañana), y nos subimos al autobús lanzadera que nos llevó hasta las cuevas.

Las cuevas

Apenas hay turistas extranjeros en las cuevas, y para lo indios (sobre todo para las chicas) allí presentes éramos todo un espectáculo; no paraban de pedirnos fotos jeje

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Las cuevas son un pasote, fueron cavadas por monjes budistas entre los siglo 2 AC y el 6 DC, y muestran el pasado budista de India. Hay cerca de 30 cuevas que aglutinan más de 1000 esculturas de Buda. Las pinturas y los frescos, que aun se conservan, muestran la vida de Buda y la vida cotidiana de la época.

Las cuevas están alojadas en un cerro con forma de herradura, y el lugar fue descubierto por una expedición inglesa capitaneada por John Smith, quien dejó grabado en una de las pinturas su nombre, y la fecha de su llegada, 1890.

El mirador

Si se cruza el río y se sube a la cima de la colina, es posible ver el cerro con forma de herradura al completo, y no solo eso, también se puede ver una sucesión de piscinas naturales que ha creado el río. En la época seca, la vegetación es escasa, y el río apenas lleva agua, pero en época de monzón debe de ser impresionante ver todas las cascadas que caen colina abajo hasta el río.

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En la T Junction, donde te deja el bus hay un centro de interpretación de las cuevas que es a la vez un desastre y un pasote. Han invertido un montón de dinero, la infraestructura es monstruosa (me recuerda a uno de esos edificios de la época del derroche español), pero no les ha quedado del todo bien… han intentado hacer algo 100% estilo occidental, pero se ve claramente que sigues en India; pequeños detalles.

Casualidades de la vida

Sí, casualidades de la vida, podía contar los turistas extranjeros con los dedos de una mano, y casualidad, nos encontramos con un chico de Errenteria (Gipuzkoa), si es que los vascos estamos en todas partes. Tuvimos el placer de compartir parte del día con Urtzi y Rafa, que también están viajando por Asia, y que cuentan sus aventuras y desventuras en el blog que han abierto.

La anécdota

Bueno, anécdotas, y es que una de ellas es que los autobuses lanzadera que operaban entre la T Junction y las cuevas son de la marca vasca Irizar. La otra, que nos sentamos a comer en el único restaurante que hay al lado de las cuevas, y al ver la carta y decidir que era demasiado caro para nosotros, nos llevaron a otro comedor distinto y nos dieron Thali por 100 rupias, cuando la carta rezaba 165; indian style.

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