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Por algo pasan las cosas

Tras casi un mes de experiencia, creemos que ha llegado el momento de intentar transmitir con palabras lo que hemos sentido y lo que sentimos después de este pequeño tramo de experiencia. Sabemos que es difícil, pero, a pesar de ello, lo intentaremos.

¿Qué es lo queremos hacer con 20 años? Nosotros personalmente, no tenemos ni pajolera idea, la década de los 20 es más complicada de lo que parece. Ya no eres aquel adolescente que deriva responsabilidades en padres o madres que gracias a su amor incondicional las van tomando por ti. Ahora te toca a ti mismo tomar decisiones increíblemente importantes. Elegir un camino, renunciar a las infinitas posibilidades a las que tenemos oportunidad de optar. Sí, renunciar, una palabra más dura de lo que parece. No te queda otra que superarlo, intentar aprender a ser feliz a cada instante con el camino que elijas. ¡A SER FELIZ! Encima me pides que sea feliz. Creo que en este caso, nos desviamos un poco del camino establecido, sin ningún fin concreto. Sólo uno, el de dejarnos llevar.

Por algo pasan las cosas, siempre pasan por algo. Parece una frase sencilla, ¿verdad? Pocas veces nos paramos a pensar que todas las cosas que nos suceden en nuestra vida son un cúmulo de infinitas casualidades y oportunidades que la vida te va brindando en el momento exacto, y sólo uno mismo es quien para aceptar el reto, dar el paso y dejarse llevar sin que el miedo acongoje, paralice y no permita alcanzar vivencias y experiencias únicas. Suponemos que se hace complicado en nuestra rutinaria vida occidental caer en la cuenta de este simple hecho desvirtuando las lecciones vitales que a cada momento nos brinda el destino.

Supongo que fue una ¿casualidad? que nosotros dos, aun teniendo una diferencia de dos años de edad, termináramos la carrera al mismo tiempo, que no tuviéramos nada en especial que nos atara en Bilbao, que quizá ambos sentíamos que nuestro momento de hacer algo grande había llegado, que nuestro momento de experimentar estaba lejos de Bilbao por un tiempo, que a pesar del miedo y las dudas debíamos dejarnos llevar y debíamos vivir como nunca habíamos imaginado vivir. Que toda esta locura se decidiera de ¿casualidad? Una noche de fiesta en Bilbao, esas noches inolvidables de jueves que nuestros amigos recordarán.

Realmente, aprendemos a aparecer en un lugar desconocido tras días de vuelos, sin absolutamente nada, sin conocer a nadie, sin casa. Pero con infinitas oportunidades para abrirte camino, sin miedo al qué pasará, sin miedo a no tener horarios, sin miedo a no encajar y sin miedo a no ser capaz. Con toda la libertad del mundo para ir o venir de aquí para allá, por que no hay nada escrito, por que solo tu eres dueño de lo que te DE LA GANA.

El caso es que no sabemos si las casualidades existen o no existen. No sabemos si es Dios (ni cual de todos los Dioses es), o es el amor que mueve montañas, o es la madre tierra, o es la vida, o es el destino, o qué coño es. Pero tenemos claro que estamos aprendiendo a vivir, a abrir la mente. Aquí no valen las leyes, las reglas o las lecciones que te dan en la escuela. Todo esto es un giro de 180 grados, donde al principio, tu mentalidad occidental choca de pleno con toda esta realidad. Pero, a pesar de ello, siempre, la vida te va mostrando el camino de un modo u otro, te hace encontrarte con personas increíbles, con gente maravillosa, y, siempre, absolutamente siempre, te hace aprender. Aprender en mayúsculas, aprender a conectarte con el mundo, a abrir tu mente. Abrir tu mente en mayúsculas. A saber que cada momento está preparado para ti. A saber que cada persona encontrada a lo largo del camino estaba ahí por algo. Siempre, para tener la certeza que todos ellos, de un modo u otro suman. Te demuestran que se puede vivir de otra manera, que lo que creías que era malo, puede que sea bueno, que lo bueno puede que sea malo, que lo que se supone establecido no existe. Que no hay nada escrito, que todo, absolutamente TODO, depende del preciso instante en el que tu decides coger el tren y hacerlo posible. Por ello, vivid, experimentad, aquí o allí, solos o acompañados, cada instante vital, cada segundo, cada milésima. La vida está preparada para todo aquel que quiera vivirla. Eres capaz de todo y más, los límites están donde tú decidas ponerles fin.

No pidas permiso, pide perdón, y siempre sabiendo que la sonrisa es tu mejor pasaporte.

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