Playa Blanca; la playa hippie de Guarujá

Si quieres fiesta en la playa hippie de Guarujá más te vale estar en forma, ya que solo se puede acceder a pie a Playa Blanca. Una caminata de 40 minutos une la playa con el transbordador que hace de puente entre Guarujá y Bertioga. Después del paseo por la selva cuesta creer lo que uno ve; una playa con chiringuitos, fiesta y mucha gente.

Playa Blanca (Guarujá)

Hay muchas playas cerca de Sao Paulo (Brasil). Gurarujá es una de las más cercanas a la ciudad; un buen lugar para hacer una escapada de fin de semana desde Sao Paulo. La playa hippie de Guarujá es un lugar muy curioso, ya que allí vive una comunidad de unas 300 personas. Una pareja de inmigrantes europeos se asentó en la playa a finales del siglo XVII. Desde entonces, la familia ha ido creciendo y ahora viven 300 personas, de las cuales el 90% son familiares de aquella pareja.

A día de hoy hay todo un asentamiento montado; han desarrollado infraestructura turística, así que hay restaurantes y campings en Playa Blanca. Lo más sorprendente es que, pese al difícil acceso, hay muchísimas personas de todas las edades, chiringuitos bien grandes, etc.

Cómo llegar a Playa Blanca

Cómo llegar a Playa Blanca en Gurarujá (São Paulo)
Cómo llegar a Playa Blanca en Gurarujá (São Paulo)

Es más fácil llegar a Playa Blanca desde Bertioga que desde Guarujá. Nosotros teniamos alojamiento en Bertioga, estuvimos en la Pousa Acqua Azul, y desde allí solo tuvimos que tomar la balsa que cruza el canal. Este transbordador cruza la marisma cuando se llena, y transporta gratis a los viandantes. Los coches y las motos tienen que pagar una tasa para cruzar en la misma balsa. Cuando nosotros cruzamos, una orda de brasileños armados con neveras portátiles llenas de comida y cerveza se disponían a llegar a Playa Blanca.

El camino que lleva a hasta la playa comienza justo en el muelle en el que te deja la balsa. Desde allí, son 40 minutos de caminata hasta llegar a Playa Blanca; el camino está empedrado, y al principio es cuesta arriba. Nos sorprendió ver a señoras y señores mayores hacer la trilha cargando pesadas neveras; en Brasil lo de beber cerveza fría en la playa es una religión. Después de un rato el camino comienza a descender, y poco a poco se vislumbran asentamientos humanos en medio de la selva. Hay varias cabañas y casas de hormigón, y muchos terrenos para tiendas de campaña. La sorpresa mayúscula viene al llegar a la playa, al ver que tienen un mercadillo, un escenario, un restaurante enorme, mogollón de peña, etc.

Mercado hippie en Playa Blanca (Guarujá, estado de São Paulo)
Mercado hippie en Playa Blanca (Guarujá, estado de São Paulo)
Vista de Playa Blanca (Guarujá)
Vista de Playa Blanca (Guarujá)

Playa Blanca; la playa Hippie de Guarujá

Playa Blanca es la playa hippie de Guarujá; todo el mundo se acerca allí a pasar el día y pasárselo bien. Se ve a mucha gente fumando y bebiendo cervezas. La mitad derecha de la playa está abarrotada de gente; algunos sentados en las sillas de los chringuitos y otros en la arena. Nosotros dimos un paseo y descubrimos que desde el extremo derecho de la playa, cuando hay marea baja, se puede acceder tanto a otra playa como al islote que hay justo enfrente.

Vista del mar y la arena en Playa Blanca, Guarujá
Vista del mar y la arena en Playa Blanca, Guarujá
Lago de agua dulce en Playa Blanca (estado de São Paulo)
Lago de agua dulce en Playa Blanca (estado de São Paulo)

En playa Blanca hay que tener cuidado con las corrientes del mar. Pero darse un baño y tomarse una caipirinha con unas patatas fritas es pura gloria.

En el centro de la playa, frente al mar, hay una laguna de agua dulce. El agua tiene color ambar y está muy caliente, pero como los brasileños se estaban bañando sin miedo alguno, nosotros también probamos. La parte izquierda de la playa es más tranquila; no hay chiringuitos, solo algún camping. Así que, visto el panorama, aprovechamos para echarnos una siesta bajo la sombra de las palmeras.

Recomendaciones en la costa de São Paulo

Miren "surfeando" en Playa Blanca
Miren «surfeando» en Playa Blanca

Para los intrépidos aventureros que vivimos en la jungla de cemento que es São Paulo, ir a playa Blanca y alrededores es una escapada de fin de semana ideal.

De todas formas, existen muchas playas cerca de São Paulo (ciudad), y en esta sección te queremos recomendar alguna. Aquí te contamos qué hacer en Ilhabela (Brasil), una preciosa isla a pocas horas de la ciudad que combina montaña y mar como pocos lugares en el mundo.

Por cierto, si estás buscando comprar una toalla de viaje, te dejo nuestro ranking de las mejores toallas de viaje baratas que puedes encontrar en Amazon. Seguro que te es de ayuda.

Y para terminar, aprovecho para recomendarte dos planes diferentes cerca de São Paulo. La feria de artesanía en Embu das Artes, el plan ideal si quieres salir un domingo de São Paulo, y hacer turismo en Campos do Jordão, un pueblo de estilo alemán en la sierra, para que te pongas tíbio o fondue, vino y chocolate.

9 cosas que hacer en Rio de Janeiro en 2 días

mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro

Hay muchísimas cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro en 2 días, y hoy os las contamos en non gogoa han zangoa. Esta es una ciudad situada en un paraje idílico, salpicada y rodeada por morros de roca desnuda o espesa vegetación, una ciudad bañada por el mar y rodeada de playas en las que se mezclan el glamour y la realidad de un país en vías de desarrollo, una ciudad diseñada y construida al estilo europeo pero con alma mestiza y favelas en su corazón. Rio representa bastante bien cómo es Brasil. Nosotros, os contamos las 9 mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro.

La segunda ciudad más grande de Brasil, y la más turística del país. No hay duda de por qué tantas personas deciden visitar Rio de Janeiro. Basta darse una vuelta por la ciudad para quedarse prendado y alucinar con las montañas (o, morros, como se les llama aquí) que abrazan la ciudad, las playas de arena blanca y la vida que albergan, etc. Además, el clima de Rio de Janeiro es bueno tanto en invierno como en verano; de diciembre a febrero hace mucho calor (pero no hay problema porque se puede pasar gran parte del día en la playa), y de junio a agosto las temperaturas son más templadas.

Mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro en 2 días

Después de haber pasado 6 días en Río en Janeiro nos atrevemos a hacer una lista de las 9 mejores cosas que ver y hacer en Rio de Janeiro en 2 días. Como no cabe duda de que volveremos a visitar Rio, iremos modificando y ampliando el post, ya que hay muchas actividades que hacer cerca de Rioy en los alrededores. Pero poco a poco.

Por cierto, os dejamos el video de Rio de Janeiro que hicimos después de nuestro último viaje de 2 días a Rio. En 2 minutos podréis haceros una idea de qué ver y qué hacer en Rio de Janeiro en 2 días.

1- Subir al Cristo Redentor del Corcovado

El Cristo Redentor es una de las 7 maravillas del Mundo Moderno. Como ya hemos comentado, Rio está salpicada y rodeada de morros, y el Cristo corona uno de ellos. Por así decirlo, bendice la ciudad desde las alturas con sus brazos abiertos. La estatua de 30 metros se ve desde muchos puntos de Rio, pero destaca aun más desde el otro lado de la bahía. Bueno, eso si hace buen tiempo, porque cuando el día se nubla, desaparece.

Subir al Cristo Redentor de Rio de Janeiro puede convertirse en una sucesión de largas colas y esperas, así que es recomendable comprar el billete para el tren del Corcovado con antelación. Y, si el día está nublado, no merece la pena subir. Lo cual es un fastidio, porque, en teoría, es una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro.

A los que vais con intención de haceros la típica foto con los brazos abiertos en frente del Cristo, siento deciros que no sois los únicos con la misma idea. En temporada alta y los fines de semana se agolpan miles de turistas en el mirador que hay a los pies del Cristo. Todos ellos, cómo no, intentando capturar la dichosa foto con el Cristo Redentor. Así que os encontraréis algo parecido a un campo de guerra; novios tirados en el suelo intentando que entren en el encuadre su chica y el Cristo, etc.

Pese a todo, el mirador ofrece una vista espectacular sobre Rio (aunque no las mejores). Creemos que visitar el Cristo Redentor es un must, sobre todo, porque está considerada como maravilla del mundo moderno. De todas formas, no es tan impactante como el Taj Mahal o el enclave arqueológico de Petra.

Vista de Rio de Janeiro desde el Cristo Redentor, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Vista de Rio de Janeiro desde el Cristo Redentor

Estatua del Cristo Redentor, uno de los lugares turísticos que visitar en Rio de Janeiro, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Estatua del Cristo Redentor, la principal atracción turística que visitar en Rio de Janeiro

2- Pan de Azúcar

Junto con el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar es un emblema de Rio de Janeiro; en nuestra opinión, la mejor cosa que ver y que hacer en Rio de Janeiro. Situado al final de la playa de Copacabana, es un saliente que divide el mar de la bahía. Dos telefericos llevan a la cima; el primero sube a un morro alargado, y el segundo a un morro puntiagudo. En la cima del primer morro hay tiendas, un museo y hasta se pueden contratar paseos en helicóptero. En la cima del segundo morro también hay tiendas, y un bar con terraza que ofrece unas vistas espectaculares; merece la pena quedarse a ver el atardecer en el Pao de Azúcar.

La entrada al Pan de Azúcar cuesta 80 reales. Para estudiantes y mayores de 60 años el billete cuesta la mitad. Pese al elevado precio, la visita merece la pena. Para los que quieran subir al Pan de Azúcar gratis, se puede subir hasta el primer morro a pie; se tarda media hora más o menos. Pero, para subir a la cima hay que pagar el teléferico del Pan de Azúcar, llamado bondinho do Pao de Açúcar. Las vistas de Rio son mucho mejores que las que ofrece el mirador del Cristo Redentor, y hay menos gente. Además, se pueden ver varios tipos diferentes de animales, como los micos (los podéis ver en el vídeo).

Si os preguntáis el origen etimológico del Pan de Azúcar, os diremos que hay dos teorías. Según la primera, el nombre hace referencia a los panes de azúcar, forma tradicional en la que se producía el azúcar hasta finales del siglo XIX y que consistía en largos conos de punta redondeada. La segunda, afirma que el nombre deriva de «Pau-nh-acuqua» que significa «alta colina» en la lengua tupi-guaraní, usada por los indígenas Tamoios.

Bondinho al Pão de Açucar, una de las mejores cosas que ver en Rio de Janeiro
Bondinho al Pão de Açucar, una de las mejores cosas que ver en Rio de Janeiro

Vista de Rio de Janeiro desde el Pan de Azúcar, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Vista de Rio de Janeiro desde el Pan de Azúcar

3- Ver el atardecer desde el Arpoador

Contemplar el atardecer es una de las cosas que hacer en Rio de Janeiro. Los atardeceres son espectaculares en casi todas partes de Rio; desde el Pan de Azúcar, desde el Cristo Redentor, desde el morro de Dos Hermanos, desde los miradores que coronan las favelas… Pero, la ventaja de ver el atardecer en el Arpoador es su accesibilidad. En los demás lugares mencionados hay que pagar entrada, subir a la punta de la montaña o cruzar una favela.

La punta del Arpoador está entre las playas de Ipanema y Copacabana. Muchas personas aprovechan el saliente para disfrutar de la pesca.

Punta del Arpoador, entre las playas de Ipanema y Copacabana, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Punta del Arpoador, entre las playas de Ipanema y Copacabana

4- Subir la escalinata de Selarón

Es una obra de arte viva y mutante, así la considera su autor, el chileno Jorge Selarón. El proyecto de decoración de estos 125 metros de escaleras y sus 215 peldaños comenzó en 1.990 y sigue a dia de hoy. Las escaleras disfrutan de una renovación constante, en la que se reemplazan y añaden baldosas lisas y/o con dibujos. Es muy probable que encuentres más de una baldosa que haga referencia a tu región o equipo de fútbol.

La escalinata esta ubicada en el barrio Santa Teresa, en el centro de Rio. Es una de las mejores cosas que ver en Rio de Janeiro, y suele estar lleno de turistas haciéndose la foto de rigor. Pero bueno, en Brasil siempre hay mucha gente en todas partes, y si no la hay, preocúpate…

La escalinata de Selaron, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Miren en las escalinata de Selarón

Mosaico de la bandera brasileña en las escaleras de Selarón, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Mosaico de la bandera brasileña en las escaleras de Selarón

5- Pasear por la playa de Copacabana

Tanto de día como de noche, pasear por la playa de Copacabana es una gozada. Durante el día la playa alberga mucha vida; moradores de favela, pijos de Rio, vendedores ambulantes de alimentos y ropa, turistas despistados, etc. La vista del Pan de Azúcar y los morros que salpican la costa del estado de Rio es preciosa. Durante la noche los chiringuitos de la playa ofrecen música en directo y mojitos baratos, y en el paseo venden pareos, pulseras, figuritas y demás.

Durante el día el ambiente es bastante más tranquilo que en la playa de Ipanema, donde reina el postureo. Y, por contra, a la noche tiene más vida que Ipanema, que literalmente muere.

Paseo de la playa de Copacabana, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Paseo de la playa de Copacabana

Playa de Copacabana, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Playa de Copacabana

6- Recorrer la playa de Ipanema

Pues parecido a lo que acabamos de comentar de Copacabana, pero a la vez diferente. La vista es preciosa, con el morro de Dos Hermanos al fondo. Es una playa bastante más pija que Copacabana, y más cara (hasta los vendedores ambulantes suben el precio). En la esquina cerca la punta del Arpoador suele haber moradores de favela, en el centro hay una zona gay y a los pies de Dos Hermanos, en la zona de Leblón, el ambiente es más calmado.

Cuando anochece tanto el paseo como la playa de Ipanema quedan desiertos, y se convierte en un lugar peligroso. No es para nada recomendable caminar por el paseo de noche; dos amigos nuestros fueron asaltados.

Playa de Ipanema con el morro de Dos Hermanos al fondo, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Playa de Ipanema con el morro de Dos Hermanos al fondo

7- Hacer un paseo en helicóptero

Helicóptero despegando del helipuerto del Pão de Açucar para dar un paseo panorámico sobre Rio de Janeiro, una de las mejores cosas que ver y que hacer en Rio de Janeiro
Helipuerto del Pão de Açucar

¡Nos quedamos con todas las ganas de hacerlo! Pero creemos que puede ser algo IN-OL-VI-DA-BLE. Hay varias empresas que ofrecen vuelos panorámicos en Rio. Los hay de todos los precios, desde 5 minutos de vuelo saliendo desde el Pan de Azúcar por 50€ hasta paseos de 30 minutos por 150$. Nuestro problema fue que nos obligaban a ser 4 o 5 personas, y éramos solo 3. Así que, como no encontramos a nadie para llenar el helicóptero, no pudimos disfrutar de la experiencia. Queda para la próxima.

8- Desayunar en el Apetite

Esta cafetería fue todo un descubrimiento. Está al lado de la playa de Copacabana, y sirve unos desayunos… de perder el conocimiento. De verdad, no recuerdo ninguna cafetería en la que haya desayunado mejor. En realidad, es más un brunch que un desayuno, con todo lo que se come, uno puede aguantar hasta la cena. Si me permitís la recomendación, pedid el desayuno completo, y si vais en pareja, el desayuno para dos. Café, zumo natural, fruta, tortilla francesa, pan buenísimo, un croissant, un pedazo de bizcocho, panes de queso, mantequilla, mermelada, jamón york, jamón de pavo, queso en lonchas y queso fresco. Tal cual leéis. De la cafetería Apetite saldrás rodando, pero felíz 🙂

9- Carnaval en Rio

¿Mejor cosa que hacer en Rio de Janeiro? Sin duda, ¡Asistir al Carnaval de Rio! En febrero, el carnaval es la guinda del pastel que culmina el verano; puro desenfreno. Os contamos nuestra experiencia en el Carnaval de Rio; cómo desfilamos en el sambódromo, las fiestas en los bloquiños, etc. También os damos consejos de seguridad, que Rio puede ser una ciudad peligrosa si no se toman precauciones.

De fiesta en un Bloco de carnaval en Rio de Janeiro, una de las mejores cosas que hacer en Rio de Janeiro
De fiesta en un Bloco de carnaval en Rio de Janeiro, una de las mejores cosas que hacer en Rio de Janeiro

De todas formas, si lo que te interesa es hacer turismo convencional, carnaval es la peor época para visitar Rio de Janeiro porque la ciudad está abarrotada y los precios suben bastante. Lo cual complica mucho visitar las mejores cosas que ver y hacer en Rio de Janeiro.

Viajar a Rio de Janeiro, conclusiones

Rio de Janeiro es, junto con los Lençois Maranhenses y las Cataratas de Iguazú, uno de los lugares más increíbles de Brasil. Viaje recomendado en todas las épocas del año; durante el carnaval, en verano, cuando no es tan verano, etc.

Qué hacer en Ilhabela – 8 mejores cosas que ver

que ver y hacer en Ilhabela

En non gogoa han zangoa os contamos las mejores cosas que ver y que hacer en Ilhabela (Brasil), según nuestra experiencia, claro está.

Como una montaña que surge del mar frente al litoral de Sao Paulo, Ilhabela es una isla mágica. Cubierta por una espesa vegetación conocida como mata atlántica, el 85% de la isla está protegida por ser parque estatal.

Esto hace que llegar a las mejores playas de Ilhabela, los mejores miradores y las mejores cascadas de Ilhabela sea una aventura épica. Por cierto, los europeos llegaron aquí en el año 1502, dirigidos por Américo Vespúcio.

Hay 41 playas en Ilhabela y aproximadamente 360 cascadas, el pico más alto tiene 1.378 metros de altura, existen 95 kilómetros de senderos para hacer trekking, su fondo marino cobija 20 barcos naufragados y a día de hoy viven en la isla 14 comunidades tradicionales. Desvelamos las 8 mejores cosas que ver y que hacer en Ilhabela.

Qué hacer en Ilhabela (Brasil)

  • Hacer una Ruta en 4×4 en Ilhabela
  • Bañarse en las mejores playas de Ilhabela
  • Hacer senderismo en Ilhabela
  • Cascadas en Ilhabela
  • Pasear por Vila y sus tiendas
  • Alucinar con la flora y fauna de Ilhabela
  • Bucear en Ilhabela
  • Comer en Ilhabela

Esta es la lista de las 8 mejores cosas que hacer en Ilhabela y que ver en Ilhabela. Para que te sitúes, te dejo el mapa con la ubicación de los rincones más bonitos de la isla. Y sin más, pasamos a extender la información.

8 mejores cosas que ver y que hacer en Ilhabela

Qué ver en Ilhabela: Casa colonial en Ilhabela
Casa colonial en Ilhabela

Pese a que la isla no es demasiado grande y pese a que gran parte de la misma es inaccesible por lo espeso de la vegetación, hay mucho que ver y hacer en Ilhabela. La isla ofrece diferentes opciones de ocio y diversión a medida de todos los gustos.

1. Hacer una ruta en 4×4 por Ilhabela

Creemos que es la mejor experiencia que se puede vivir en Ilhabela. Existen dos rutas principales:

– Ruta en 4×4 a la playa de los Castellanos. Esta excursión por Ilhabela dura de 10:00 a 17:30. Se llega a la Playa de los Castellanos en 4×4 pasando por la Cascada de Agua Blanca, donde es posible darse un chapuzón. También se hace una parada en el Mirador da Estrada, que tiene vistas a la playa de los Castellanos. Desde la playa sale una trilla (sendero en portugués) de 2 kilómetros que llega hasta la Cascada del Gato. En el recorrido que hace el Jeep se cruza la isla de oeste a este, por los adentros del espeso bosque atlántico, cruzando ríos, etc.

– Ruta por el litoral noroeste. Esta ruta en Jeep es mucho más light. Casi toda la isla está asfaltada, solo se conduce offroad para llegar a la playa de Jabacuara, en el norte. Se va primero a la cascada de Agua Blanca donse es posible darse un baño. Después se para en el Mirador de Barreiro (que ofrece la misma vista que cualquier playa de alrededor), para otros 10 minutos en la Praia do Sino (Playa de la Campana en castellano), y por último, se queda el resto del día en la playa de Jabaquara. La ruta en Jeep dura de 10:30 a 17:30, y cuesta 80 BRL.

Hay muchas empresas que ofrecen estos paseos en Jeep por Ilhabela. Nosotros contactamos con Ilhabela Jeep Tour. También es posible hacer rutas en Zodiac, te llevan por mar a playas que son inaccesible por tierra, pero no es una actividad low cost

2. Bañarse en las mejores playas de Ilhabela

Qué ver en Ilhabela (Brasil): Playa del suroeste de Ilhabela con vistas a las montañas
Playa del suroeste de Ilhabela con vistas a las montañas

La isla tiene 41 playas en total. La mayoría de ellas son muy pequeñas, son inaccesibles, o carecen de algún interés especial. Las mejores playas de Ilhabela son las siguientes:

– Playa de los Castellanos. Situada en el este de Ilhabela, esta playa es accesible solo en 4×4 (y si las lluvias no se han llevado la pista por delante). Su nombre tiene un origen bien macabro; un navío español naufragó cerca de la zona, y la marea llevó los cuerpos de los marinos castellanos hasta la playa.

– Playa de Jabacuara. Situada en el norte de Ilhabela, no hay carretera asfaltada hasta la playa. El autobús más cercano llega hasta Armaçao, a 8 kilómetros de Jabacuara.

– Playa «Pedras do Sino». La traducción al castellano sería «Playa de la Campana», y es que lo interesante de la playa no es el arenal en sí, sino las rocas que lo rodean. Estas rocas suenan igual que una campana al ser percutidas con una piedra. Os contamos la leyenda de la Praia do Sino:

A mediados del siglo XVII, al amanecer, cuando la población isleña aun dormía, apareció una carabela en el horizonte. En ella venían piratas, preparados para abrir fuego contra el pueblo. Cuando la tragedia parecía inevitable, sonaron las campanas, que despertaron al pueblo. Los isleños se prepararon para la batalla, y entre ellos tomó el mando un guerrero, era San Sebastián.

Después de vencer la batalla volvió la calma a la isla, pero todos los isleños querían saber de dónde había surgido el sonido de las campanas. No habían sido las campanas de la iglesia de Armaçao, y nadie sabía explicar qué podría haber sido, menos los indígenas, que decían «garapocaia, garapocaia» (piedras que cantan) mientras señalaban las rocas de la playa. Desde ese día las rocas pasaron a llamarse «Piedras de la Campana».

– Playa de Armaçao. El autobús público hace su última parada aquí. La playa destaca por tener la iglesia en la playa. También hay un árbol enorme del cual cuelgan neumáticos a modo de columpio, un bar con mesas y sillas en la propia playa, barcos tradicionales de pesca, etc.

Qué ver en Ilhabela: Iglesia a pie de playa
Iglesia a pie de playa en Ilhabela

3. Hacer senderismo en Ilhabela

Trekking, trekking y más trekking en Ilhabela, el senderismo es una de las principales actividades de aventura en Ilhabela. La mayoría de los senderos llevan a cascadas y miradores.

4. Cascadas en Ilhabela

La isla de Ilhabela atesora aproximadamente 360 cascadas (o cachoeiras, como dicen en portugués). Muchas de ellas no tienen agua continuamente, simplemente son laderas de roca desnuda por las que cae el agua cuando llueve. Se pueden ver muchas desde la costa oeste; con echar un simple vistazo a la montaña se ve la marca que ha dejado el agua a su paso durante miles de años.

Otras cascadas de Ilhabela sí tienen un flujo de agua constante, y algunas incluso tienen una poza a sus pies, donde uno se puede dar un baño refrescante. La mejores cascadas de Ilhabela son las siguientes:

– Cascada de Agua Blanca. Todas las excursiones en 4×4 ofrecen la opción de visitar la cascada de Agua Blanca. Desde el comienzo de la carretera que lleva a la playa de los castellanos sale un sendero de algo más de dos kilómetros que pasa por 5 pozas hasta llegar a la cascada. En el camino se pueden observar aves.

– Cachoeira do Gato. Una espectacular cascada de 40 metros, solo accesible tras una caminata a pie de media hora desde la playa de los Castellanos.

– Cascada de Veloso. Situado en el sur de la isla, se llega partiendo desde la playa de Veloso. Solo es accesible a pie (40 minutos cuesta arriba y entre espesa vegetación). La naturaleza premia el esfuerzo ofreciendo un gran salto de agua con una piscina natural a sus pies.

– Cachoeira dos Três Tombos. En lo alto de una ladera, es la más accesible de todas, ya que se puede llegar a pocos metro de la cascada en coche. Está situado cerca de un mirador.

– Cachoeira da Toca. Situada en la entrada del camino a la playa de los Castellanos, está perfectamente señalizada. La entrada cuesta 20 BRL, ya que se encuentra dentro de una propiedad privada (antigua fábrica de cachaza, se pueden ver los alambiques), pero el precio puede merecer la pena ya que ofrece un gran tobogán natural de cerca de 50 metros de extensión.

5. Pasear por Vila y sus tiendas

Qué hacer en Ilhabela, pasear por Vila y sus tiendas
Cañones en Vila, el pueblo con más encanto de Ilhabela

El punto en el que atracan los cruceros que visitan Ilhabela combina el glamour de las tiendas de diseñadores brasileños con las lanchonetes típicas en las que se comen fritos y se beben cervezas baratas. Merece la pena darse una vuelta por el pueblo, sobre todo al anochecer, cuando los turistas salen a lucir sus modelitos y el moreno que han trabajado en la playa durante el día. A la hora de la cena los bares y restaurantes suelen ofrecer música y buen ambiente. Durante el día la ciudad permanece dormida, casi vacía.

6. Alucinar con la flora y fauna de Ilhabela

Qué hacer en Ilhabela, disfrutar de la fauna local
Mariposa en Ilhabela

¡Una auténtica pasada! La flora de Ilhabela es exuberante. La mata atlántica cubre el 85% de la isla de una espesa vegetación; el 15% restante está lleno de flores preciosas y árboles frutales. Los pájaros que sobrevuelan la isla son igual de espectaculares; se pueden ver loros de un verde intenso, colibrís de color azul verdoso. Los cangrejos, enormes y de color azul, construyen su guarida excavando en la tierra. La naturaleza de Ilhabela es una auténtica preciosidad.

7. Bucear en Ilhabela

Qué hacer en Ilhabela: buceo en Playa de las Cabras
A punto de bucear en la Playa de las Cabras (Ilhabela, Brasil)

Otro de los atractivos de Ilhabela es su diversidad marina. Se hacen inmersiones de hasta 7 metros de profundidad. Nosotros optamos por alquilar gafas y tubo por 10 BRL y meternos a hacer esnórquel en la isla de las Cabras. Con suerte, se pueden llegar a ver tortugas. Nosotros pudimos ver peces de todos los tamaños y colores, pepinos y estrellas de mar, coral, etc. Pena que no tengo la GoPro conmigo para hacer fotos bajo el mar.

La isla es privada y no se puede acceder a tierra firme, pertenece a un senador de la Amazonia, pero el baño en las aguas que la rodean es libre. El centro de buceo Colonial Diver lleva en lancha a sus clientes hasta los puntos de buceo, en este caso, Ilha das Cabras.

8. Comer en Ilhabela

Se puede comer bien y barato en Ilhabela. Bien igual es decir poco, se puede comer muy bien, y a una relación calidad precio excelente. Destacamos el plato de frutos de mar en el chiringuito de la playa Pedra do Sino, la casquiña de camarón en el chiringuito de la playa de Viana, y el restaurante do Cura, donde se puede comer a kilo (un formato que les encanta a los brasileños).

Qué hacer en Ilhabela: ver las mejores playas de Ilhabela
Barcos y material de pesca en una playa de Ilhabela

Para consultar más información, os facilitamos el portal oficial de Ilhabela, donde podéis encontrar noticias de la isla, gastronomía, playas, paseos, puntos turísticos, agenda de eventos, etc.

Esperando haber atraído la curiosidad de los lectores que quieren visitar Ilbahela con las 8 mejores cosas que ver y hacer en Ilhabela. Mostramos a continuación las cuestiones más prácticas; cómo llegar a Ilhabela, dónde alojarse en Ilhabela, etc.

Cómo llegar a Ilhabela

Cómo llegar a Ilhabela en Balsa
La balsa que cruza de São Sebastião a Ilhabela

Vamos a empezar por cómo llegar a Ilhabela. Por tierra, se puede llegar en coche o en autobuses desde Sao Paulo y Rio de Janeiro. El autobús a Ilhabela llega hasta el pueblo de Sao Sebastiao, situado justo frente a Ilhabela, en el continente.

Lo curioso es que, vayas en coche alquilado o autobús, hay que cruzar a Ilhabela en balsa, no hay puente. Los coches pueden entrar en la balsa y cruzar a la isla, mientras que los que llegamos en autobús nos montamos a pie; luego nos movemos por la isla a pie y en taxi, que es barato. La balsa es gratuita para los peatones y de pago para los automóviles.

Pese a que las autoridades han propuesto varias veces la construcción de un puente para conectar mejor la isla con el litoral, los isleños se oponen a la idea. Prefieren mantener la isla lo más tranquila posible. De todas formas, la isla se llena de turistas en verano (diciembre, enero y febrero), rompiendo totalmente la calma. Un taxista nos contó que se juntaron 450.000 turistas para pasar la nochevieja en Ilhabela, y que la isla se convirtió en un verdadero caos.

Durante las vacaciones de verano, y a lo largo de todo el año los viernes por la noche y domingos por la tarde, suele haber una cola de coches terrible para acceder a la balsa, con esperas de hasta 2 horas. De todas formas, es posible comprar el billete para la balsa por Internet y así ahorrarte la espera.

Otra opción es llegar a la isla por mar, y es que hay cruceros que visitan Ilhabela. Los días en los que llega algún crucero la calma de la isla se distorsiona y los precios suben mucho; pueden llegar a cobrarte 5 euros por silla y 5 euros por sombrilla en la playa, bebida aparte. Los isleños se frotan las manos e intentan exprimir a los turistas que llegan en crucero a Ilhabela.

Alojamiento en Ilhabela ¿Dónde dormir?

Alojamiento en Ilhabela AirBnB
El jardín y la piscina del AirBnB en Ilhabela

En Ilhabela hay varios hoteles y posadas, pero creemos que la mejor opción es buscar alojamiento en AirBnB. Hay un montón de casitas y pequeños chalet con mucho encanto; con su propia piscina, bien localizados y además baratos. Nosotros nos quedamos en este chalé con piscina y estuvimos encantados.

Los dueños viven en otro chalé a pocos metros, son encantadores y están dispuestos a ayudar con lo que sea; desde prestarnos un paraguas o arreglar el baño al instante hasta recomendarnos cosas que hacer en Ilhabela, sitios en los que comer, etc. Esto hace que la experiencia sea aun más reconfortante. Desde luego, nuestra recomendación es que optéis por la opción del AirBnB en Ilhabela.

4 días en el Carnaval de Río de Janeiro (Brasil)

4 días en el Carnaval de Rio de Janeiro; fiesta y playa

El Carnaval de Rio de Janeiro es el más famoso del mundo, para muchos el mejor carnaval del mundo. Sin duda, el más grande y más celebrado. ¿Quién quiere celebrar el carnaval en Rio?

Los brasileños viven el carnaval en Brasil de una manera especial. Para los brasileños el carnaval es la fecha más señalada del año, la traca final de fiesta y desenfreno, la guinda del pastel para cerrar las vacaciones de verano antes de volver al trabajo. Y Río de Janeiro es el marco ideal para disfrutar del carnaval; disfrazarse, salir de balada (de fiesta), beber cerveza, bailar en los blocos y refrescarse en la playa.

4 días en el Carnaval de Rio de Janeiro

Para los europeos el carnaval es una cosa bastante oscura. En febrero, con un frío de pelar, nos disfrazamos como podemos, vistiéndonos capas y capas de camisetas térmicas y mallas que nos arruinan el outfit completamente. El carnaval en Rio de Janeiro cobra sentido; sensación térmica de 40 grados, bañador, chancletas, complementos coloridos, y si hace calor, baño en la playa y a seguir bebiendo cerveza. ¿Cómo funciona el Carnaval en Río de Janeiro?

Los grandes protagonistas del Carnaval en Rio, además de la brillantina (los brasileños la llaman glitter, como en inglés) y los disfraces (fantasia en portugués) son los blocos y los desfiles en el sambódromo. La verdad es que yo no había escuchado hablar de ellos hasta que llegué a Brasil, así que bien merecen ser explicados.

Por cierto, pido disculpas por las pocas fotos que hay en la entrada y la calidad de las mismas. Pero, no es muy seguro sacar el móvil a la calle en Rio de Janeiro; y no pude hacer muchas fotos. Aprovecho para proponeros dos post que van a interesar si estáis pensando ir al Carnaval de Rio; uno sobre qué hacer en Rio de Janeiro en 2 días, y el otro sobre cómo subir al Cristo Redentor de Rio de Janeiro.

Vestidos con la "fantasia" de nuestra escuela de samba
Vestidos con la «fantasia» de nuestra escuela de samba

¿Qué es un bloco?

Un bloco es una fiesta que va moviéndose hasta recorrer una calle de una punta a otra. En un bloco siempre hay unos protagonistas centrales; puede ser una banda de músicos, un grupo de bailarines disfrazados, un grupo de personas enloquecidas bailando sobre un autobús abierto (esta es la modalidad más frecuente), etc. Los fiesteros, nosotros, nos congregamos alrededor del autobús que va recorriendo la calle a ralentí. Con lo cual, podemos decir que es una mezcla entre una fiesta y una procesión.

Entre la turba de gente, están los héroes de la fiesta, los vendedores de cerveza. Valientes que bajo el sol ardiente transportan neveras de poliespan repletas de cerveza helada. Los mejor preparados llevan una sombrilla, que además de protegerles del sol, nos sirve para detectar dónde está el vendedor más cercano. Pero tranquilos, que hay tantos que siempre que os haga falta una refrescante cerveza, habrá un héroe cerca. Sorprendentemente, la cerveza es bien barata. Uno puede esperar que todo sea caro en el Carnaval de Rio de Janeiro, pero el carnaval no deja de ser una fiesta popular; hay litros y litros de cerveza barata; 3 latas de 269 ml de la marca Antarctica por 10 reales (2,5 euros).

Hay blocos por toda la ciudad y a todas horas. Cada bloco tiene una duración diferente, pero de media podemos decir que duran unas 3 horas. Para que os hagáis una idea, hay unos 80 blocos por día durante el carnaval. Unos 30 por día el finde anterior y posterior a carnaval (también conocidos pre-carnaval y post-carnaval). Hay tantos, que tienen una app de blocos en la que pone a qué hora y dónde comienza cada bloco.

Cuando un bloco acaba, gran parte del tumulto empieza a dispersarse poco a poco rumbo a otros blocos. Pero es curioso que la gente que se queda crea pequeñas fiestas alrededor de los vendedores de cerveza que tienen altavoces portátiles y música a todo trapo.

¿Que es el Sambódromo?

Desfile en el Sambódromo de Rio durante el Carnaval de Rio de Janeiro
Desfile en el Sambódromo de Rio

El sambódromo es una pista recta flanqueada por enormes gradas, algo así como un estadio alargado por el que desfilan las diferentes escuelas de samba. Las escuelas de samba están conformadas por personas que se pasan el año entero preparando el carnaval; ensayando el baile y la canción, diseñando y preparando los disfraces y la carroza, etc. Las escuelas compiten en el desfile del sambódromo para subir o bajar de división; se trata de un evento muy grande para los cariocas y tiene una amplia cobertura mediática (vamos, que lo tienen puesto en todas las televisiones).

Desfilar en el sambódromo es una experiencia preciosa, de esas cosas que hay que hacer una vez en la vida (por lo menos si te cuadra que estás en Rio y es carnaval). Nosotros desfilamos con la escuela de samba de Rocinha, que está en la segunda división, y por ello desfilamos el sábado (los grandes desfilan el domingo y el lunes), pagamos 200 reales (50 euros) y pudimos participar con ellos en el desfile.

Por día desfilan unas 7 escuelas, la primera empieza sobre las 22h y la última desfila casi al amanecer. El funcionamiento es sencillo, básicamente te llevan el disfraz a donde estés alojado, te lo vistes, vas al Sambódromo en taxi o Uber (todo el mundo te pregunta a ver con qué escuela desfilas y te desea suerte), esperas mil horas hasta desfilar bebiendo cerveza y ¡BOOM!, entras en un sambódromo lleno hasta la bandera y te metes en la atmósfera; 40 minutos de bailar y disfrutar recorriendo los 500 metros del sambódromo.

Se nos puede ver desfilar en el Sambódromo Marquês de Sapucaí de Rio en este video. Exactamente, entre los minutos 18:49 y 18:58; nuestros 10 segundos de oro 🙂

Otra manera de disfrutar de la experiencia es entrar al sambódromo como público. Se pueden conseguir entradas con antelación o adquirirlas en la reventa en la misma entrada del sambódromo.

Bañarse en las playas de Rio de Janeiro

Posiblemente el mayor activo de Rio de Janeiro sean sus playas a pie de ciudad. Las playas de Rio de Janeiro más céntricas y famosas son la playa de Copacabana y la playa de Ipanema. La ventaja de estas playas es que puedes estar de fiesta en un bloco sudando como un condenado bajo un sol de justicia y al momento puedes darte un baño en el mar y refrescarte.

Los brasileños se meten al agua con el disfraz puesto. Nosotros la verdad es que hacíamos turnos para bañarnos porque es imprescindible que alguien se quede cuidando las pertenencias; si te despistas, es bastante probable que cuando salgas del agua no tengas nada.

Playa de Ipanema en Rio de Janeiro
La playa de Ipanema en Rio de Janeiro

Punta del Arpoador, entre las playas de Copacabana e Ipanema
Punta del Arpoador, entre las playas de Copacabana e Ipanema

¿Rio de Janeiro es peligroso?

Rio de Janeiro es peligroso para turistas y para moradores. Que te pase algo o no depende de muchas cosas, podemos decir que es una suma de probabilidades. Si sigues todos los consejos de seguridad la probabilidad de que te asalten es menor; lo cual no quiere decir que estés 100% a salvo. En Río de Janeiro las favelas están repartidas por toda la ciudad, lo cual propicia que bajen de las favelas a hurtar y/o asaltar. Me duele escribir estas palabras, pero se reconoce con bastante facilidad quien está esperando a que pase algún despistado para asaltarlo.

Prohibido andar por la playa y el paseo marítimo de noche. Subir a las favelas puede ser muy peligroso y en general es bueno acostumbrarse a ir del punto A al punto B en taxi o Uber una vez ha caído el sol. Es recomendable salir a la calle sin teléfono móvil y sin cartera; solo unos cuantos reales para los gastos del día y unos 50 reales extra por si te asaltan para que el asaltante se quede satisfecho. Si te pillan sin dinero se pueden poner muy nerviosos y la situación puede ponerse aun más fea. ¡Ah! y ese poco dinero es muy recomendable llevarlo en una faltriquera o bolsillo interior. Yo por ejemplo me ataba una carterita con un imperdible a la parte interior del bañador. Por supuesto, nada de forcejear con los asaltantes, simplemente darlo todo y listo, vida solo tenemos una.

Pese a todo, dos de nuestros amigos fueron asaltados por una cuadrilla de niños; uno de ellos pudo zafarse empujando de un golpe a los niños (movimiento muy poco recomendable), el otro amigo entregó faltriquera con algo de dinero y móvil. Según cuentan, estaban en un bloco sobre las 2:00 am cuando comenzó una pelea y se produjo una pequeña avalancha humana de personas huyendo. La gente corrría por miedo a que los que se peleaban tuvieran armas. Para orientarse, llegaron hasta el paseo marítimo, donde apareció la cuadrilla de adolescentes. Hay que tener en cuenta que los niños son muy peligrosos. No tienen ni conciencia ni consciencia, y tienen fama de no tener escrúpulos a la hora de disparar un arma.

¿Alojamiento para el Carnaval de Rio de Janeiro?

El nivel de ocupación de hoteles, hostales, albergues, apartamentos, etc. es muy alto y los precios suben mucho en la época del carnaval. Los hoteles y hostales con precios asequibles suelen estar agotados desde un par de meses antes. Si intentas reservar a última hora para el carnaval, lo más probable es que solo tengan disponibilidad los hoteles de lujo y algún albergue de mala muerte. De todas formas, no es imposible encontrar alojamiento para el Carnaval de Rio.

Nosotros optamos por la opción de alquilar un apartamento en AirBnB; muchos cariocas huyen de la ciudad en busca de tranquilidad y alquilan sus casas en AirBnB. Lo cual es una win-win situation, nosotros tenemos alojamiento y ellos hacen un buen dineral. Para que os hagáis una idea, pagamos unos 1.600 euros por un apartamento para 8 personas durante 4 noches; unos 50 euros por persona y día.

¡OJO! No busquéis ahorrar unos euros alojándoos en zonas poco seguras. Lo ideal, tanto por seguridad como por localización es buscar alojamiento en zonas seguras como Leblon, Ipanema, Copabana, Leme o Botafogo entre otros.

Pese al problema de la violencia, la experiencia de pasar los Carnavales en Rio de Janeiro es una auténtica pasada. Una experiencia muy recomendable, de esas cosas que hay que hacer una vez en la vida. Eso sí, tengo que volver a Rio, porque con tanto bloco y tanta fiesta no visitamos los lugares más emblemáticos de Rio; el Pão de Açucar y el Cristo Redentor.

Sossusvlei y la Duna 45 – Desierto del Namib en 4×4

El desierto del Namib es el desierto más antiguo del mundo, una masa árida que ya existía hace 65 millones de años, época en que se extinguieron los dinosaurios. Con una extensión de 2.000 kilómetros de largo, y entre 80 y 200 de largo, acapara la costa de Namibia al completo, de hecho, Namib significa «enome» en lengua nama. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2013.

Ya pudimos cruzar el desierto del Namib en 4×4 y disfrutamos de sus arenosas dunas al recorrer la costa de los esqueletos y los alrededores de Swakopmund y Walvis Bay, pero el punto más destacable y de mejor acceso de todo el desierto del Namib, es el salar de Sossusvlei, que se adentra en las rojizas arenas del Namib, donde se puede ver la Duna 45 (que no se diferencia mucho del resto de las dunas pese a su fama).

Non Gogoa Han Zangoa Tropico de Capricornio

En el norte del Namib, a la altura de Torra Bay, las dunas son de arena blanca, y no bloquean el acceso al mar, pero a medida que conducíamos con nuestro 4×4 hacia el sur vimos cómo las dunas iban tomando un color cada vez más dorado, con toques amarillos y naranjas, y de Walvis Bay en adelante, no es posible conducir paralelo al mar puesto que las dunas llegan hasta el mismo, y la carretera, sin asfaltar (típica namibia), discurre por el interior, donde la tierra y la arena se vuelven rojizas.

Por seco que sea el clima, la fauna y flora del Namib se han adaptado a la aridez del entorno, y se pueden avistar oryx, antílopes, avestruces, chacales, hienas y caballos salvajes en el sur, y elefantes, cebras, leones, y jirafas en el norte.

Recorrer Namibia en 4×4 es súper divertido, las carreteras son de piedra suelta, gravilla, arena, sal y demás componentes que el variopinto entorno ofrece, y el límite es de 100 km/h, aunque vimos vehículos todoterrenos que iban muchísimo más rápido. Por supuesto, sin un coche alto y con ruedas anchas no vas a ningún lado.
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Cuenca de Sossusvlei: dunas, salares y árboles fosilizados

Lo primero que hicimos al llegar a Sesriem, el poblado en el que se encuentra la entrada al Parque de Sossusvlei, fue apresurarnos a entrar, ya que cierran las puertas cuando cae el sol, y no las vuelven a abrir hasta que el sol amanece, lo cual nos hubiese imposibilitado disfrutar del amanecer en las dunas. El campamento es sencillo, y sufría cortes de agua, pero tampoco hace falta más de lo que ofrece.

Al de pocos kilómetros después de entrar en el valle de Sossusvlei, hay una carretera a mano derecha, que conduce hasta una antigua y estable duna (sabemos que es antigua y estable por la elevada cantidad de vegetación que la cubre), y desde allí pudimos ver el atardecer en el desierto del Namib mientras tomábamos un te y comíamos unos bocadillos de mantequilla de cacahuete.

Dune 45

Antes de meternos en la tienda para dormir hicimos algo de yoga, lo cual nos vino de perlas para tomarnos con calma la noche, que fue medio complicada porque vivimos una tormenta de arena que nos metió arena dentro del saco, en la nariz, los ojos, la garganta, los oídos y todos los recovecos de la anatomía humana que os podáis imaginar. Además, tuvimos que madrugar muchísimo para subir a la Duna 45 y poder llegar a ver el amanecer desde la Duna 45.

Después de ver el amanecer, seguimos conduciendo hacia el interior del Namib por el salar que se adentra 50 kilómetros entre las dunas, la conducción por este lugar es pura magia, la carretera está asfaltada casi hasta el final, y de ahí en adelante la arena toma su lugar. Sólo los 4×4 pueden pasar, el resto de coches tienen que aparcar allí mismo, y subirse a un «trenecito» que es remolcado por un tractor. Aun así, llega un punto en el que todos los vehículos están obligados a parar, y la marcha sigue a pie hasta el Valle de la Muerte, un salar rodeado de altísimas dunas repleto de árboles muertos, incapaces de descomponerse por la sequedad extrema del ambiente.

Death Valley Namib Desert

Non Gogoa han Zangoa Death Valley Namib

Volvimos al coche, y condujimos 5 minutos más por la arena hasta llegar al punto desde el cual se deja el coche para subir a la duna Big Daddy, que es simplemente enorme. Decidimos no subir porque estábamos cansados por la nochecita que habíamos pasado, porque hacía muchísimo calor y porque el viento no paraba de llenarnos los ojos y la boca de arena. He de admitir, que parte de la culpa de llenarme de arena fue mía, porque duna a la que subía, duna desde la cual me tiraba saltando y rodando; disfruté como un niño haciendo la croqueta.

Así pues, volvimos al campamento para darnos una ducha y partimos de vuelta hacía Walvis Bay.

Sossusvlei

Por cierto, Sossusvlei es la suma de dos palabras, sossus, en lengua nama, y vlei, en afrikaans: la ciénaga sin retorno. Por suerte, nosotros retornamos 🙂

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Un día y una noche en los salares de Makgadikgadi

Los salares de Makgadikgadi son un cúmulo de salares perdidos en la sabana de Botswana; los restos del otrora enorme lago Makgadikgadi, que una vez cubrió un área más grande que Suiza, pero que se secó hace unos 10.000 años. La suma de todos los salares de Makgadikgadi ocupa una superficie mayor que el mismísimo salar de Uyuni, haciendo que sea el salar más extenso del mundo.

El día anterior habíamos alucinado con la belleza de la nada en Kubu Island, así que decidimos que teníamos que pasar un día y una noche en los salares de Makgadikgadi. La zona es realmente inhóspita, no vive nadie en los 150 kilómetros que separan Gweta (al norte de los salares) de Mopipi (al sur de los salares), y el terreno es peligroso, el barro salino tiene una consistencia parecida al cemento líquido y es fácil que el coche se quede atascado.

Además vimos el especial de Top Gear en Botswana (el video que sigue), y aseguran que ellos fueron los primeros en cruzar estos salares con un vehículo; con lo cual, para nosotros, que en comparación somos unos pardillos, la aventura se presentaba como un gran reto, sobre todo después de lo que nos pasó en Moremi

Resultó que el piso era firme, porque octubre es el final de la época seca, y por ende, el momento en el que el que la tierra está más dura, así que fue una gozada conducir sobre el salar, no nos hizo falta ni poner el 4×4. Bien es cierto que cuando nos poníamos a hacer giros y a serpentear con el todoterreno las ruedas se hundían bastante en la tierra, pero nada grave.

Makgadikgadi Pans

Al final, llegamos a un punto en el que sólo veíamos salar a nuestro alrededor, ni pastos, ni piedras, ni árboles; sal. Pasamos toda la tarde refugiados en la sombra que nos proporcionaba el coche, escuchando el silencio, sintiendo cómo la nada entraba dentro de nosotros, sintiendo nuestro cuerpo vibrar, conectándonos con el entorno.

La verdad es que los lugares desérticos tienen algo especial que es invisible a los ojos, y ya lo he experimentado tanto en el desierto del Thar en India, como en las dunas de Erg Chebbi en Marruecos.

Nada tiene sentido cuando te encuentras en medio de la nada, los únicos acompañantes son el sol durante el día y la luna con las estrellas de noche, y cobran gran importancia, se convierten en algo vital, son parte de tu vida. El acompañante fugaz es el viento, que viene y va, cuando viene lo sientes como nunca antes, y cuando se va deja espacio al vacío, al silencio absoluto, cosa que no había escuchado en 24 años de vida (es una sensación muy rara para el oído). Al final terminamos desnudos, porque, ¿qué sentido tiene llevar ropa?

Aquí os dejo nuestro día en los salares de Makgadikgadi resumido en 1 minuto; no os lo perdáis.

Baobabs en el salar: Kubu Island

Kubu Island es un lugar mágico, uno de lo más espectaculares y místicos que he tenido la oportunidad de presenciar en mi vida. Se trata de una islote de roca situado en medio de los salares de Makgagikgadi; como un oasis repleto de baobabs en la mismísima luna.

Botswana es el país más sorprendente en el que he estado, un país sin mar ni montañas, que te deja sin aliento a cada segundo con sus maravillas. Kubu Island es una de esas maravillas, cuesta llegar hasta allí, pero la satisfacción al encontrarte con el islote repleto de baobabs es indescriptible. Llegamos por la mañana y estuvimos allí hasta el atardecer, solos, no vimos ni una sola persona, ni turistas ni locales.

Non Gogoa Han Zangoa Baobabs

El salar fue un lago repleto de vida hasta hace 10.000 años. Hoy en día la piedra pulida, el guano fosilizado sobre las rocas y el lecho salino perfectamente llano son los únicos testigos de aquella época.

La claridad del sol es cegadora y el calor intenso, sólo aliviado por las intermitentes rachas de viento. Es fácil perder la noción del tiempo, lo único que cambia es la posición del sol, el resto permanece inmóvil, en silencio, la presencia de los baobabs es imponente, grandes moles milenarias, algunos llevan ahí desde antes de que Jesucristo naciera. Sólo algunas lagartijas y aves comparten Kubu con los árboles. En resumidas cuentas, una pasada.

Pudimos subirnos a algunos baobabs para deleitarnos con la vista sobre el salar desde las alturas, también vimos la cueva sagrada a la que acuden los lugareños para rendir homenaje a sus ancestros y llevarles ofrendas, pero lo realmente trascendental es invisible a los ojos: la energía del lugar te hace vibrar.

Baobab Pan

Kubu Island Panoramic View

Cómo llegar a Kubu

La verdad es que me da hasta pena descubrir la localización de este emplazamiento único, sería una enorme pena que se convirtiese en un punto turístico al uso. Si vas, respétalo, no dejes nada allí, ni te lleves nada del lugar, intentemos preservar la esencia, la magia del lugar.

En la carretera de Nata a Maun, a 20 kilómetros de Nata, en la parte izquierda, al borde de la maleza, se ve un mojón verde que reza «KUBU». En ese punto comienza una ruta fuera de pista de 91 kilómetros que termina en el salar en el que se encuentra Kubu Island. El camino se bifurca en varios puntos, y no existe señalización alguna, así que es necesario tirar de intuición, orientación, o disponer de la app maps.me, que es básicamente un sistema GPS offline para smartphones.

Baobab coche

Kubu Pan

Dónde alojarse

En la orilla del islote hay un campamento comunitario gestionado por la gente de las aldeas colindantes (apenas hay 3-4 aldeas con 4-5 chozas cada una en los 91 kilómetros de camino, el lugar está vacío, tened en cuenta que Botswana tiene el tamaño de Francia y tan sólo 2 millones de habitantes), pero es muy caro, cuesta 20-25 euros por persona, tienes que tener tu propia tienda de campaña y no hay agua corriente, la única infraestructura existente son unas letrinas. Nosotros nos quedamos en el Makgadikgadi Adventure Camp (donde estuvimos solos también), a 19 kilómetros de Kubu Island, justo frente a la barrera veterinaria, donde la pista se bifurca y puedes tirar para Kubu o para Gweta: 8€/persona (90 pulas).

Aldea Botswana

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Cataratas Victoria; qué ver, qué hacer y dónde alojarse

Las Cataratas Victoria son una de las 7 Maravillas Naturales del Mundo, y en este post damos toda la información sobre qué ver y hacer al visitar las Cataratas Victoria, cómo llegar, dónde dormir, etc. Fue el explorador Livingstone quien les dio el nombre actual a las Cataratas, lo hizo en honor a la Reina Victoria. También fue quien las situó en el mapa. Hasta entonces, los locales llamaban al lugar Mosi oa Tunya; “el humo que truena”. La brecha por la que se precipita el río Zambeze marca la frontera entre Zimbabue y Zambia. Una vez has llegado hasta este lugar tan remoto del planeta, merece ver las Cataratas desde ambos lados.

Visitar las Cataratas Victoria

Como ya hemos mencionado, las Cataratas Victoria son una de las 7 Maravillas Naturales del Mundo y dividen Zambia de Zimbabue. Visitar las Cataratas Victoria es más o menos como visitar las Cataratas de Iguazú africanas.

Cómo llegar a las Cataratas Victoria

La manera más fácil de llegar a las Cataratas Victoria es volando a Victoria Falls en Zimbabue o a Livingstone en Zambia, aun así, nosotros, como tenemos coche, cruzamos la frontera entre Botswana y Zimbabue, a unos 100 kilómetros de Victoria Falls (recordad que no nos dejaron cruzar de Sudáfrica a Zimbabue, y que tuvimos que cruzar todo Botswana de norte a sur).

Frontera Zimbabue Zambia

La frontera entre Botswana y Zimbabue es una auténtica pesadilla llena de funcionarios corruptos. Quisimos sacar la visa doble para Zimbabue y Zambia, que cuesta 50 dólares americanos, y cuando le dijimos al funcionario de aduanas que sólo teníamos pulas (la moneda de Botsuana), nos dijo que no podríamos sacarnos la visa, a no ser que… le hiciéramos una oferta en pulas. Abrí la aplicación XE en mi móvil, y le mostré cual era el cambio real de dólares a pulas, él redondeó la suma hacia arriba y nos expidió los visados. Seguido, tuvimos que ir a la segunda ventanilla para tramitar los papeles del coche, y el funcionario nos dijo que teníamos que darle 60 dólares a él, 50 a un chico que andaba por ahí con un formulario en las manos, y 10 al guarda de la barrera, nosotros protestamos, pero el funcionario se puso chulo y nos dijo que si no estábamos dispuestos a pagar nos diésemos la vuelta.

Al final pagamos, en pulas, y los cabrones de ellos nos dijeron que tenían su propia tasa de cambio, así que nos dieron un varapalo económico importante. El funcionario de la tercera ventanilla tenía una camiseta que rezaba “I am not corrupt”, pero no tuvimos que tratar con él.

Las Cataratas Victoria desde Zimbabue; Victoria Falls

La ciudad situada en la parte zimbabuense lleva el nombre de la maravilla natural, es un lugar bastante moderno pero poco agradable, las calles están infestadas de zombies, personas que te persiguen intentando venderte billetes de 20 billones de dólares zimbabuenses (la moneda que utilizaron hasta el 2009), pulseras hechas con piel de cocodrilo, figuritas de madera, pulseras de cobre, etc. Además, es un sitio muy caro.

¿Donde alojarse en Victoria Falls? El mejor el Shoestring Backpackers: tiene habitaciones compartidas, espacio para poner tu propia tienda de campaña, piscina, bar y restaurante. También tiene WiFi, aunque hay que pagar 2 dólares por 1:45 horas de conexión lenta. Cuesta 15 dólares/noche una cama en una habitación compartida, y 8 dólares/noche si pones tu tienda de campaña.

La entrada al Parque Nacional de las Cataratas Victoria cuesta 30 dólares americanos, y dentro hay un recorrido acotado por el que se puede caminar unos 3 kilómetros a lo largo de la brecha; el río Zambeze viene desde la parte de Zambia, así que se ven las diversas cascadas de frente. Aunque en la época seca gran parte de la vertiente está seca, y queda al descubierto la roca del desfiladero, el spray de agua te cala entero sea la época que sea.

Las Cataratas Victoria desde Zambia; Livingstone

Livingstone es un lugar mucho más agradable y barato que Victoria Falls, es una ciudad de verdad, en el que la gente local es mayoría, no como su homologo zimbabwense, que es más un chiringuito preparado para turistas. La mayor pega de Livingstone es que no hay electricidad todos los días a todas horas, tienen un calendario de apagones, y cada día gozan de luz por unas cuantas horas.

Livingstone Street Art

¿Dónde alojarse en Livingston? El mejor sitio para alojarse, sin duda, es el Jolly Boys Backpackers. Habitaciones y baños impolutos, sofás y camas en las que relajarse, piscina + jacuzzi, un jardín lleno de mangos, cerveza por menos de un euro, comida rica, WiFi rápido… se puede decir que lo tiene todo. Una cama en una habitación compartida cuesta 12 dólares por noche, y poner tu propia tienda de campaña 9.

La entrada al Parque Nacional de las Cataratas Victoria cuesta 20 dólares americanos, y merece muchísimo la pena. En la época de lluvias se puede ver el agua caer muy de cerca, en la época seca, por su parte, se puede caminar por el borde del precipicio y bañarse en cualquier poza o riachuelo (necesario para sofocar calor). Desde este lado del parque también es posible bajar al boiling pot, que se encuentra justo debajo del famoso puente que conecta ambos países, y donde comienzan la mayoría de raftings.

Cataratas Victoria Zambia

Cruzar la frontera entre Zimbabue y Zambia por el Puente Victoria

No tiene mayor dificultad. Nosotros conseguimos la doble visa para Zimbabue y Zambia, que cuesta 50 dólares y es válida para cruzar cuantas veces se quiera de un país a otro en un plazo de 30 días, así que nos estamparon el pasaporte al cruzar y listo.

En caso de no tener dicha visa, puedes conseguir una en la frontera, pero no olvides llevar unos cuantos dólares americanos encima.

Puente sobre las Cataratas Victoria

Actividades de aventura en las Cataratas Victoria

El lugar destaca por la cantidad de actividades que ofrece, la pega es que hay que tener la cartera bien llena para contratar cualquiera de ellas.

  • Rafting. Es la actividad estrella, y los precios empiezan a partir de los 190 dólares. En el precio están incluidas las bebidas para todo el día, la comida y la cena (sobre las 05.00 pm). Se cruzan 25 rápidos, y suelen ir entre 4 y 8 personas por balsa; varias personas nos aseguraron que ha sido lo mejor que han hecho en sus vidas.
  • Bungee jumping (puenting o goming). Se salta desde el puente que conecta Zimbabue y Zambia, situado a 100 metros sobre el río Zambeze, y cuesta 160 dólares.
  • Baño en la “Devil’s Pool”. Por 55 dólares, y sólo posible en la época seca, se trata de darse un baño en una poza al borde del abismo. Es necesario ir con guía, y pagar por la actividad, nosotros intentamos ir por nuestra cuenta, y al llegar a la Livingstone Island, situada en medio de las cataratas, nos echaron para atrás.
  • Sobrevolar las cataratas en avioneta o helicóptero. 600 dólares.

Cataratas Victoria epoca Seca

Nosotros pudimos visitar las Cataratas Victoria en octubre, al final de la época seca, cuando menos caudal tiene el río (además este año, y aun así nos ha impresionado la cantidad de agua que caía. La próxima vez vendremos en época de lluvias para alucinar con las cataratas en su punto más álgido.

Los mayores retos surgen cuando menos te lo esperas

Sentí que mi cuerpo tocaba el suelo, mi colchoneta se había pinchado y tenía los músculos de mi espalda doloridos. Estaba intentando incorporarme cuando abrí los ojos, y vi que Carlos estaba intentado hacer lo mismo; la primera frase que brotó de mi boca fue “chicos, he tocado fondo”, Carlos se rió y contestó con su acento canario “¡buenos días hombre!”. Pese al percance con la colchoneta, se estaba a gusto dentro de la tienda de campaña, durante la noche varios animales salvajes e insectos habían interrumpido nuestro sueño, y al amanecer todo estaba más calmado, además, la temperatura era perfecta, lo cual no es muy común aquí en África.

Se estaba a gusto, pero estamos en el Delta del Okavango, en Botswana, y tocaba ir de safari al Moremi Game Reserve, una zona protegida dentro del área del delta, así que recogimos nuestra tienda, desayunamos los mismos cereales de siempre y nos montamos en el coche. Para cuando nos pusimos en marcha eran las 7:30 de la mañana, bastante tarde, teniendo en cuenta que los días anteriores nos habíamos puesto en marcha a las 5:30, pero bueno, pensábamos dormir en el área de Moremi, que está a tan sólo dos horas de coche de Maun, así que suponíamos que tendríamos tiempo de sobra (suponer es una costumbre muy mala jeje).

Vista Aerea Okavango
El Delta del Okavango desde la avioneta

Al principio la carretera estaba asfaltada, pero al de poco empezó un camino de tierra y polvo, lleno se socavones y con elefantes a los lados. Estábamos emocionados, por fin empezábamos a darle uso real al flamante todoterreno que habíamos alquilado, yo conducía a toda pastilla por entre arena y agujeros hasta que una barrera cortó nuestra marcha, una señora se acercó para abrírnosla, y a Carlos se le ocurrió la brillante idea de preguntarle dónde podríamos encontrar la siguiente gasolinera.

La mujer se sorprendió al escucharnos y nos dijo que la siguiente se encontraba a unos 400 kilómetros de allí, cerca de las Cataratas Victoria, pero que si queríamos ir a Moremi, y de allí a las Cataratas Victoria, gastaríamos por lo menos un tanque de gasolina entero, ya que sólo hay caminitos de arena.

Nos quedaba un tercio del depósito y teníamos en el maletero un bidón con 25 litros de gasolina, así que tuvimos que dar la vuelta y volver a recorrer los 50 kilómetros que nos separaban de Maun, repostar, buscar una tienda de souvenirs para que Christian pudiese comprar un imán y una banderita de Botswana, y 3 horas más tarde volvimos a ponernos en marcha, cruzamos la barrera de la señora, condujimos hasta la entrada del parque, pagamos la entrada (410 pulas los tres con el coche) y la noche en el campamento (810 pulas entre los tres), y entramos.

En la oficina de la entrada nos habían enseñado en el mapa qué carretera coger, pero adquirir el mapa costaba 100 pulas (9€), así que no lo compramos, creíamos que seriamos capaces de hacerlo por nuestra cuenta.

El Moremi es una zona protegida dentro del Delta del Okavango, pero no es un parque nacional al uso: está lleno de animales salvajes, no hay vallas que lo delimiten, los precios son muy caros para que poca gente acceda a él, y no está acondicionado para el ser humano (los campamentos no tienen vallas para protegernos de los animales salvajes, sólo hay caminos de arena, tierra, barro y zonas anegadas de agua, tampoco hay cobertura telefónica ni manera de pedir auxilio en caso de necesidad). Es, sin duda, el lugar más salvaje en el que he estado en toda mi vida.

Guepardo en Moremi (Botsuana)

Vimos un montón de animales: elefantes, hipopótamos, cebras, antílopes, un gueparpo (que hasta entonces no habíamos visto), un león y una leona, entre otros. Además, yo estaba pasándomelo genial conduciendo, el todoterreno iba como la seda por encima de la profunda arena. Le cedí el volante a Carlos para que él también pudiese disfrutar de la conducción, abrí la app de mapas que tengo en el móvil para chequear dónde estábamos y ¡DIOS! estábamos a 60 kilómetros de nuestro campamento, ya eran las cuatro de la tarde y teníamos que llegar allí antes de las siete si no queríamos recibir un regalito en forma de multa. Le metimos toda la caña que pudimos al coche, y empezó la aventura.

Tras media hora de conducción extrema en la que nos golpearnos varias veces con la cabeza en el techo, llegamos al campamento Third Bridge, a 18 kilómetros del nuestro, y aún teníamos una hora de luz.

Nada más pasar el campamento nos encontramos con la primera gran traba, una charca de agua de unos 20 metros de largo que anegaba la carretera, seguido de un puente de madera. Nos lo tomamos como si fuese el mayor reto de nuestra vida, yo salí del coche y comprobé la profundidad del mismo, no era nada profundo y aunque lo pasamos con mucha facilidad, estábamos nerviosos, y celebramos la hazaña.

Seguimos unos cuantos metros y nos encontramos con el inmenso pantanal de la imagen, estábamos cagados de miedo, no sabíamos si el coche sería capaz de pasarlo, era una mezcla entre incertidumbre, curiosidad, miedo y ganas, no medimos la profundidad, y entramos a todo trapo en él. Todo eran risas hasta que el morro se sumergió, una masa de agua cubrió el parabrisas y el agua empezó a entrar por las ventanas. Por arte de magia, el coche, que iba con la reductora en tercera, salió de allí a ralentí. Nos bajamos del coche incrédulos, gritando, saltando y celebrando, salía agua por todas partes, y pudimos comprobar que el capó estaba hundido, la matricula suelta, y el embellecedor de plástico roto, la verdad es que eran males menores, ya que nos habíamos enfrentado a que el coche se quedara atascado en el agua.

Una de las pozas que tuvimos que cruzar en Moremi (Botsuana, África)
Una de las pozas que tuvimos que cruzar en Moremi (Botsuana, África)

Metimos primera y seguimos nuestra ruta, pero cuando Christian engranó la segunda, el coche perdió fuerza y se apagó. Escalada de tensión, la situación se había puesto seria, el coche no tenía simples daños estéticos, parecía que algo en su interior estaba realmente jodido.

Tras varios intentos, el coche arrancó, pero al meter la segunda se volvió a calar. En un momento de tensión total, el coche arrancó y Christian decidió conducir en primera un buen rato antes de cambiar de marcha, el coche volvía a funcionar, pero la alegría dura poco en casa del pobre, otra poza de agua aparecía ante nuestros ojos.

Me metí en el agua para comprobar la profundidad del mismo, fue un momento muy tenso, porque sospechábamos que podía haber cocodrilos e hipopótamos sumergidos, aun así, era necesario, teníamos que cerciorarnos de que el coche sería capaz de cruzarlo, y no cometer el error que cometimos la vez anterior.

En el punto más profundo el agua me llegaba por las pelotillas, pero, ¿eso es mucho o poco? se me ocurrió volver al pantanal en el que casi hundimos el coche para ver cuanto cubría allí y comparar; ¡me cubría por encima de la cintura! Esto significaba dos cosas: una, que habíamos tenido una suerte de flipar por haber conseguido cruzar y no quedarnos atascados, y dos, que el segundo pantanal al que nos enfrentábamos era algo menos profundo.

Lo jodido era que el coche no funcionaba al 100%, y que cabía la posibilidad de que se parase en el agua. Una decisión complicada, ¿intentar cruzar hacia delante y arriesgarnos a que el coche se quede atrapado? ¿Y si conseguimos pasar el agua y nos encontramos más pozas bloqueandonos el camino? ¿intentar retroceder y arriesgarnos a que el coche se quede atrapado? ¿quedarnos allí mismo y dormir dentro del coche cruzando los dedos para que ningún animal salvaje nos ataque?

Se estaba haciendo de noche, estábamos solos en medio de la nada y obviamente no había cobertura telefónica, tampoco había tiempo, no sabíamos el alcance de la avería del coche. No sabíamos qué nivel de agua podía soportar nuestro Ford Ranger, y no conocíamos la técnica para cruzar aguas profundas con el todoterreno, pero teníamos que tomar una decisión, y ninguna de las opciones era del todo buena, todas ellas entrañaban peligros.

Un león y una leona descansando en la sombra (Botsuana, África)

Fue la decisión más dura de mi vida, máxima tensión, sin tiempo para meditar o buscar más alternativas que las arriba planteadas, Carlos y Christian, que habían conducido el coche a través de la primera y la segunda laguna respectivamente, querían que, en caso de cruzar la charca, fuese yo el que condujese el coche esta vez, porque yo era el que más experiencia tenía en conducción fuera de pista, y sí, me muevo bien en la nieve, y no tuve ningún problema en la arena, pero en mi vida había cruzado un río.

Acotamos las posibles soluciones a: que yo cruzase la tercera laguna y cruzásemos los dedos para que no hubiese más agua en el camino hasta nuestro campamento, o quedarnos allí a dormir y cruzar los dedos para que no nos atacase ningún animal salvaje.

Sentía toda la presión del mundo sobre mi, y mi dilema era: si intento cruzar, ¿estoy forzando la situación? ¿lo hago por orgullo?, y si decido no hacerlo, ¿soy un acojonado? ¿un gallina?. Tenía muy presente mi aventura en el Himalaya, aquel suceso fue un punto de inflexión en mi vida, y aprendí muchísimas cosas, a las duras y a las maduras, pero, ¿esta situación es comparable a aquella?.

Mi opción predilecta era subirme en el coche y cruzar, pero me preocupaba entrar en la charca, y acojonarme cuando el agua empezase a pasar por encima del capó y entrara en el habitáculo traspasando las puertas, no ser capaz de mantener la sangre fría, no ser capaz de seguir un ritmo constante y estable durante los 30 o 40 metros de extensión de la misma: los 15 segundos más largos de nuestras vidas.

Entré varias veces en la poza para buscar la zona más favorable para cruzar, buscando la zona arenosa menos profunda, intentando evitar el lodo, y… decidido, voy a cruzar, y voy a llegar al otro lado.

Entramos en el coche, puse la reductora, engrané primera, engrané segunda, y a una velocidad lenta pero constante empezamos a cruzar, estábamos callados dentro del coche, con la mirada fija en la otra orilla, nuestro único pensamiento era llegar, que el coche no se apagase, y alcanzar la orilla.

El coche se bamboleaba de lado a lado, el agua subía por encima del capó, pero no falló, y yo mantuve el ritmo constante, hasta que llegamos a la otra orilla. No hay palabras para describir lo que sentimos, liberamos toda la tensión gritando, gritando y gritando, yo le di una buena paliza al volante, y seguimos gritando. Nos abrazamos y paramos un segundo para beber agua y recobrar la calma antes de seguir.

El camino se bifurcó en una gran explanada de pura savana, cruzamos una zona arbolada, y cuando salimos de la misma, nuestra moral se fue literalmente a la mierda al toparnos de frente con otra pedazo de poza.

Salimos del coche destrozados, el sol ya había caído en el horizonte, y apenas había luz en el cielo, la poza era larguísima pero aun así entré en el agua con la esperanza de que no fuese demasiado profunda; el agua me llegaba hasta el ombligo, era jugársela demasiado, el coche no lo iba a soportar.

Dos leones descansando en la sombra (Moremi, Botsuana)
Dos leones descansando en la sombra (Moremi, Botsuana)

Estuvimos 5 minutos proponiendo soluciones: ¿jugárnosla e intentar retroceder las tres charcas para pasar la noche en el Third Bridge Camp? o ¿quedarnos en la gran explanada de la savana y dormir dentro del coche hasta que pasase alguien al día siguiente? Optamos por la segunda, paramos el coche y nos quedamos dentro, nos pusimos a organizar el espacio dentro del habitáculo para poder dormir cuando sucedió el milagro: Christian vio una luz en la oscuridad.

Arrancamos el coche, pusimos las luces largas y las de emergencia y tocamos la bocina, pero la luz había desaparecido. Christian y Carlos sacaron la cabeza por la ventana para gritar cuando la luz volvió a aparecer, era un todoterreno que estaba cruzando la poza que nosotros no nos arriesgamos a cruzar, y tras un momento de locura, condujimos hasta bloquear con nuestro coche su trayectoria.

Los del otro coche bajaron la ventanilla e intenté explicarles cual era nuestra situación mientras Christian me insistía a gritos que les rogase que condujeran nuestro coche a través del agua, pero la actitud de los chicos del otro coche hacia nosotros no era nada buena, nos dijeron “take off your shoes and drive through the water” con tono despectivo.

¿En serio? que entrase agua dentro y se me mojasen los pies era lo que menos me preocupada en ese momento, nuestro coche no funcionaba bien, y mientras les explicaba que el coche se nos había apagado repentinamente me cortaron con un “just follow us”.

Emprendieron la marcha sin esperar un sólo segundo, y les seguí a toda velocidad por la arena hasta que llegamos a la poza, en ese momento ellos entraron al agua y yo iba a ir por detrás.

Dentro de nuestro coche se escucharon todo tipo de gritos “¡Pero diles a ellos que nos lo pasen!”, “¡Diles que no funciona!”, “¡Nos vamos a quedar atascados en la mitad!” y la última antes de entrar con toda la determinación del mundo en el agua fue “¡¡NO SEAS TAN PUTO VASCOOO!!”. Para mi, la única manera de demostrarles a los del otro coche que estábamos en verdaderos apuros y que no éramos unos miedicas preocupados por mojarnos los pies era intentar pasar el agua como un campeón; si nos quedábamos atascados, suponía que ellos se verían obligados a ayudarnos, no nos dejarían a merced de cocodrilos e hipopótamos, ¿verdad?.

Entré en el agua con toda la determinación del mundo, era noche cerrada, y cuando los faros se sumergieron bajo el agua crearon un efecto fantasmagórico, parecía que estábamos metidos en la piscina de un hotel de noche.

El coche pasó el punto más profundo del pantanal y comenzó a emerger, parecía que estábamos cerca de lograrlo, yo seguía pisando el pedal de manera constante cuando el coche empezó a morir, perdió fuerza, las revoluciones cayeron de 3.000 a menos de 1.000 en un segundo, todas las luces del panel empezaron a parpadear, y cuando noté que el coche estaba a punto de calarse, pisé el embrague con el acelerador pisado a fondo, engrané primera, y el coche murió.

Me hirvió la sangre, saqué la cabeza por la ventana y grité volcando toda mi ira contra los del otro coche “I TOLD YOU!! I TOLD YOU!! THE CAR DOESN’T HAVE ENOUGH POWER!!”. Vi que el agua cubría tres cuartos de las ruedas, y salí por la ventana. Los del otro coche vieron que nuestro coche estaba atascado, y se bajaron para ver cómo podían ayudarnos, se trataba de un guía botswanés, y un ingeniero mecánico bávaro.

Era evidente que el coche no funcionaba, y su actitud hacia nosotros cambió radicalmente, probamos a encenderlo, y aunque arrancó un par de veces, volvía a apagarse repentinamente, así que sacaron una cuerda y buscamos a ciegas bajo el agua un anclaje para amarrar nuestro todoterreno y remolcarlo.

Tiraron de nuestro Ford Ranger para sacarlo del agua y lo remolcaron por los caminos de arena, cruzamos a remolque la siguiente poza (la que destrozó nuestro coche), y mientras nos dirigíamos camino al campamento, el Toyota Hilux que nos remolcaba se quedó atascada en la arena; putadón.

Por arte de magia, nuestro coche arrancó, e intentamos tirar de ellos marcha atrás para sacarlos de la duna, pero no teníamos suficiente potencia ni tracción para sacarlos, así que nos bajamos todos del coche en aquel entorno infestado de animales salvajes en su hora de la cena, desatamos los coches, empujamos el nuestro hacia atrás, desenterramos las ruedas de la Hilux y lo empujamos con todas nuestras fuerzas.

Yo estaba descalzo y tenía toda la ropa mojada, además estaba justo detrás del tubo de escape, y el humo a presión que salía del motor hacía que los granos de arena saliesen disparados a toda velocidad pelándome la piel, pero entre todos, con el extra de fuerza que da la adrenalina, y gritando de rabia, conseguimos que el coche empezase a salir del atolladero.

El ingeniero alemán se montó en nuestro coche y lo condujo hasta el campamento en primera con la reductora; parecía que el motor iba a reventar, pero él aseguraba que teníamos agua dentro de los pistones del motor, y que necesitábamos expulsarla.

Un guepardo durmiendo en Moremi, Botsuana.
Un guepardo durmiendo en Moremi, Botsuana.

Llegamos al campamento, una hiena merodeaba por la zona, y aparcamos el coche. ¿Salvados? charlamos con el ingeniero y el guía, nos comentaron que el camino que habíamos tomado no era el camino principal, pero como nos habíamos negado a pagar 10 euros por un mapa a la entrada, no teníamos ni idea de que estábamos perdidos.

Cenamos (el alemán nos dio una cerveza fría a cada uno), y tras calmarnos un poco, abrimos el capó del coche; más problemas. El filtro del aire estaba lleno de agua, bloqueando la entrada de aire al motor, y como habíamos conducido entre arena y polvo después de que le entrase agua, estaba lleno de barro. El motor tampoco se libraba, había entrado agua dentro, y el aceite (que debería ser negro) era una pasta blanquecina, parecida al jabón. El filtro del aire podíamos limpiarlo un poco con nuestras manos y dejarlo secar durante la noche, pero lo del aceite era bastante grave, necesitábamos cambiarlo, porque estando el coche en esas condiciones no íbamos a ser capaces de cubrir los 150 kilómetros que nos separaban del pueblo más cercano, Maun.

Si conseguíamos el aceite, tanto el guía como el ingeniero alemán nos ayudarían a hacer el cambio de aceite, pero como el coche no tiene manual de instrucciones ni teníamos acceso a Internet, no sabíamos que tipo de aceite ni cuanta cantidad nos hacía falta, y con ese plan nos metimos en nuestra tienda de campaña para dormir.

El siguiente día por la mañana, un campista sudafricano se acercó para echar un vistazo al coche, y nos dijo que su compañero tenía 5 litros del aceite sintético que nos hacía falta, así que le compramos el bote por 400 pulas (36€), y nos dispusimos a hacer el apaño. Nos hicieron falta un par de herramientas que nos dejó el ingeniero alemán, pero conseguimos vaciar el motor de aceite.

Montamos un cristo importante, porque los coches modernos son más difíciles de reparar que los antiguos por su complejidad, pero… del motor salieron aproximadamente 8 litros de aceite, y sólo teníamos 5 para sustituirlo. Conseguimos 2 litros más de aceite en la oficina del campamento, y aunque era otro tipo de aceite, y aunque faltaba 1 litro para alcanzar el nivel óptimo de fluido, lo vertimos todo en el motor del coche, le pusimos el filtro del aire ya seco, y la bestia arrancó.

Rumbo a la civilización a bordo del remendado Ford Ranger (Botsuana. África)
Rumbo a la civilización a bordo del remendado Ford Ranger (Botsuana, África)

Nos hicieron pagar 100 euros extra por haber pasado la noche en un campamento que no era el que habíamos reservado, y nos marchamos con el guía al volante de nuestro coche; el alemán, que estaba de luna de miel con su mujer, le convenció al guía botswanés para que viniese con nosotros.

Guiamos a la pareja alemana hasta otro campamento (el campamento en el que supuestamente debíamos haber pasado la noche), vimos tres leones, y el guía botswanés voló al volante de nuestro Ford Ranger (luego tuvimos que pasar por el taller a arreglar la suspensión…); en dos horas y media habíamos recorrido los 150 kilómetros que nos separaban de Maun.

CONCLUSIÓN Y MORALEJA

África es un lugar salvaje, un lugar lleno de peligros y dificultades para el ser humano. Esto no es Asia, donde con un bañador de flores y unas chancletas Havaianas te puedes apañar y además parecer el tío más aventurero del mundo; los animales mandan, y si te equivocas estás muerto. Apenas hay poblaciones humanas, olvídate de las carreteras, el calor es extremo, el sol quema y su luz es cegadora, si se te estropea el coche te quedas tirado en medio de la nada, y puedes no ver a nadie incluso en días. Nosotros no íbamos preparados, y ni siquiera sabíamos que no lo estábamos.

Material apropiado

Tuvimos muchísima suerte; alguien nos encontró, nos dejaron las herramientas, un campista tenía el aceite que nos hacía falta, el guía nos condujo de vuelta gratis, etc.

Pensábamos que con tener 25 litros de diesel en el maletero y algo de agua podíamos tirar millas, pero estábamos equivocados, hace falta tener un par de ruedas de repuesto (pueden reventar por el calor, las rocas, los troncos…), un gato bueno (no el típico en forma de X), una bomba de aire (para jugar con la presión de los neumáticos dependiendo del terreno), 5 litros de agua por persona y día, al menos el equivalente a otro depósito de combustible en bidones (en el Kalahari se pueden recorrer 1.200 kilómetros sin gasolineras), un kit de herramientas básicas, madera para hacer una hoguera (el fuego ahuyenta a los animales salvajes), etc.

Por todo ello, viajar low cost de safari, como lo hemos hecho nosotros, es peligroso y poco recomendable.

Conocimiento

Aparte de lo anteriormente mencionado, es necesario saber conducir fuera de pista: manejarse en arena, sobre tierra, en el lodo, cruzar pozas o ríos, etc. También importante tener conocimientos básicos sobre supervivencia, estás en un entorno 100% salvaje, puede pasarte cualquier cosa, y hay que estar preparado para apañarse solito: la experiencia es un grado.

Madurez

Constancia y estabilidad, paciencia, calma, cabeza fría. Hay que saber amoldar lo salvaje a uno mismo, y saber amoldarse uno mismo a lo salvaje, encontrar el equilibrio; make it confortable.

Ah! Y sobre todo, no celebrarlo hasta llegar a meta, no relajarse hasta que esté hecho: cuando llegues a destino, aparques, y apagues el motor.

Land Rover Botswana
Las mayores aventuras suceden cuando uno menos se lo espera.

Marrakech: toma de contacto con Marruecos

¿Por qué elegimos Marrakech como primer destino? Pues simplemente por que el vuelo de ida y vuelta desde Madrid nos salía por 48 euros. Nuestra idea original era cruzar la península desde Bilbao hasta Algeciras en BlaBlaCar, para meternos en un ferry y cruzar los 14 kilómetros de estrecho que separan España de África. Esto nos hubiese dado la oportunidad de presenciar la transición, de ser conscientes de lo cerca que está Marruecos, y lo distintas que son nuestras vidas. Pero… somos mochileros, y por ahorrar, decidimos volar a Marrakech.

Me encontré con Borja (mi amigo y compañero de viaje en Marruecos) en el aeropuerto de Madrid; él venía directo de Bilbao, y yo llevaba un par de días en Madrid. Pasamos el control, encontramos la puerta de embarque, y mientras esperábamos al avión, decidimos que la mejor manera de explorar Marruecos era haciéndolo en coche: nos evitaríamos el tener que regatear con taxistas y el sentimiento de desconfianza cuando no sabes si te está llevando a donde tú quieres o a donde él considere oportuno. Así pues, reservamos el coche por Internet, y embarcamos; 8,78€ por persona y día.

Llegamos tarde a Marrakech, el vuelo se atrasó un poco y tuvimos que esperar una cola interminable para pasar la aduana; pero logramos subirnos al último autobús que conectaba el aeropuerto con la plaza principal de Marrakech, Yamaa el-Fna. Eran las doce de la noche, pero la plaza estaba llena de vida: puestos de comida, tiendas de artesanías, vendedores ambulantes, música callejera, encantadores de cobras, etc. Tras dar una vuelta de reconocimiento por la plaza y atraer con nuestras mochilas a un par de timadores, nos pusimos serios, y emprendimos el camino hacia el hostal. Teníamos las indicaciones de cómo llegar, pero la verdad es que las calles de la Marrakech antigua son muy liosas, y al final tuvimos que pedir ayuda a un chaval de la calle, que tras dar una vuelta enorme nos llevó hasta nuestro hostal, que estaba a escasos 10 metros de donde nos recogió. Saqué 10 dirhams (1€) de mi bolsillo para dárselos como muestra de nuestra gratitud, y el muy caradura empezó a pedir 100 dirhams; total, que tras un par de amenazas por su parte, y una actitud seria por la mía, nos despedimos y entramos al hostal. Es muy curioso cómo los marroquíes cambian de una actitud amistosa a una amenazante y vuelven a una amistosa como si nada hubiese pasado.

Un día en la medina y los zocos de Marrakech

Despertador, desayuno, ducha y ya estamos en marcha… O no, me he dejado la GoPro en el hostal. Vuelvo a por ella, y… ahora sí, en marcha. Lo primero que hicimos fue volver hasta la plaza Yamaa el-Fna y deleitarnos con los encantadores de cobras, que hacen lo que quieren con las pobres serpientes, después, nos dirigimos a la Kutubía (el alminar de la mezquita, foto al comienzo del post), anduvimos por la muralla de la ciudad antigua, y descansamos bajo la sombra de los árboles en un parque precioso que además de fuentes y asientos tenía WiFi. Tras recargar las pilas, pusimos rumbo al plato fuerte de Marrakech: la medina y sus zocos.

Al entrar en las estrechas calles repletas de tiendas de todo tipo (textiles, pieles, decoración, artesanías, verduras, hierbas, especias, carne, animales vivos, ultramarinos, restaurantes, dulces, etc.) y sentir el olor a gasolina de las motos que habilidosamente se abrían paso entre la gente, me vino a la mente el barrio de Thamel en Katmandú, donde comenzó mi anterior aventura.

La gran diferencia es que en Marrakech no sólo te molestan los vendedores, sino que las calles están repletas de gente que intenta acoplarse, contarte un par de cosas sobre la ciudad, llevarte a algún sitio que no quieres o venderte algo que no te hace falta, y cobrarte por haberte guiado. Mientras caminas por la calle no paras de escuchar gritos: “amigo, ven”, “¿español?”, “no hay camino por ahí, ven por aquí”, “para la medina es por aquí”, “¿quieres hashis?”, etc. Nuestra atención los alimenta, sientes como se hacen fuertes al tener contacto visual con ellos, y una vez te pillan no es fácil escabullirse. Empiezan preguntándote si eres español, luego te preguntan de que ciudad, hacen referencia a tu equipo de fútbol, se interesan por saber si es tu primera vez en Marruecos, te cuentan un par de cosas sobre la ciudad, y ya te empiezan a liar para que les compres algo o les pagues por molestarte en los 50 metros que han recorrido a tu lado; así que lo mejor es ignorarles desde el principio. No son majos desinteresadamente, quieren tu dinero.

Zoco Marrakech

A la hora de comer nos paramos en un pequeño restaurante que estaba a pie de calle para degustar dos delicias locales: el tajín de pollo y el cuscús. Conocimos a una viajera holandesa mientras llenábamos la panza, y después de comer, mientras Borja se echaba una siesta, yo repetí el recorrido de la mañana con la chica holandesa.

Por la noche, conocimos en el hostal a dos canadienses que eran hermanos, y estuvimos de charleta en la terraza que tenía el hostal en el tejado. El siguiente día por la mañana, recogimos el coche, y seguimos nuestra aventura sobre cuatro ruedas.

Nuestra ruta nos llevó a visitar Aït Ben Haddou primero, a visitar las Gargantas del Todra después, antes de llegar a hacer un paseo en Camello en Merzouga.

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