Himba Kid

Visitar una aldea Himba y que te pase esto

Los Himba viven repartidos en pequeños poblados por el noroeste de Namibia y sudoeste de Angola. Lo que hace que esta tribu sea tan llamativa, es que en pleno siglo XXI siguen ajenos a los cambios que ha sufrido el mundo que les rodea; ellos siguen viviendo según sus tradiciones.

Fuimos a visitar un poblado Himba llamado Otjikandero a unos 20 kilómetros de nuestro campamento en Kamanjab, y nos pasó algo sorprendente. Un guía autóctono nos mostró cómo vivían los 7 hombres y las 24 mujeres Himba de la aldea; fue una experiencia rara, yo me noté como un extraterrestre, en algunos momentos era como ver animales en un safari, los Himba estaban haciendo sus cosas y yo allí mirando sin posibilidad alguna de integrarme. Lo más guay fue jugar con los niños a vestir sus muñecos de madera con pedazos de tela. No repetiría la visita por lo raro de la situación, pero aun así mereció mucho la pena, porque aprendí muchas cosas sobre su cultura y porque al salir de allí recogimos a un grupo de ellos (podéis ver el video más abajo).

Himba children

¿Quienes son los Himba?

Son muchas las particularidades de los Himba, pero la más evidente, la que más nos impacta a los occidentales es el atuendo que lucen las mujeres de la tribu. Van medio desnudas y se embadurnan la piel con un ungüento mezcla de ocre, manteca y ceniza de raíces quemadas, esta pasta las protege del sol y de los mosquitos, les da “buen olor” y también hidrata su piel, la cual nunca ve el agua: las mujeres Himba no se duchan. El pelo lo llevan embutido en rastas cubiertas del mismo ungüento que se dan en la piel, y tienen extensiones hechas con lana de oveja. Sobre la cabeza visten un pedazo de piel de cabra, de sus cuellos cuelgan un sinfín de collares, los pechos al descubierto, un taparrabos en la cintura y unas tobilleras de metal (si en la tobillera llevan pintada una raya negra, significa que sólo han parido una vez, si tienen dos rayas, que tienen dos o más hijos).

Las casas en las que viven están hechas de madera, adobe y paja, aunque debajo de algún tejado de paja se podía ver una lámina de plástico. Dentro de las casas hay muy poca cosa, un fuego para ahuyentar a los mosquitos y perfumar el ambiente, y un par de pieles de animal en el piso a modo de esterilla. Los hombres usan un pequeño taco de madera que se ponen en el cuello a modo de almohada, y las mujeres posan la cabeza sobre el antebrazo del hombre para dormir.

Los Himba viven en un entorno muy árido, y se alimentan de lo que su entorno les puede ofrecer: no comen verduras, ni fruta, ni pasta, ni pescado… sólo carne. Tienen sus propios rebaños de vacas, ovejas y cabras, pero las ovejas sólo las emplean para obtener lana y leche, no carne. Los animales pastan a sus anchas durante el día, y los recogen por la noche, los meten dentro de unas cercas que ellos mismos han construido para protegerlos de las hienas y los chacales.

No tienen ninguna religión, y según me contó el guía, su única deidad es el “fuego sagrado”, un fuego situado entre la choza del jefe de la tribu y el corral de los animales. Alrededor de este fuego se reúnen los Himba para celebrar el enlace de una pareja, para dar nombre a los recién nacidos, etc. Sólo el jefe de la tribu puede sentarse al lado del fuego.

Himba Women

Aunque su modo de vida apenas ha cambiado desde tiempos ancestrales, es imposible vivir 100% de espaldas a los cambios, por ello, hoy en día es posible ver a las mujeres Himba haciendo actividades tan modernas como la compra en el supermercado o autoestop para volver del supermercado a casa, eso sí, siempre vestida en la manera tradicional.

Recogemos a los Himba que hacían autoestop

Saliendo de Otjikandero nos topamos con un Himba que hacía autoestop. Paramos para preguntarle a dónde se dirigía, y nos dijo que a Kamanjab, situado a 20 kilómetros de allí, así que le dijimos que subiera al coche. En ese momento, el chico se dio la vuelta y empezó a llamar a alguien a gritos; en cosa de segundos, y para nuestra sorpresa, media tribu emergió de entre los arbustos. Saqué el móvil a toda prisa y me puse a grabar.

De los cuatro que se subieron, dos eran pareja (de 33 años ella y 31 él, tenían tres hijos juntos) y los otros dos eran una madre con su hijo; a estos últimos los condujimos hasta la carretera asfaltada, y seguimos con la pareja hacia Kamanjab. Los Himba estaban intentando decirnos algo, pero como no hablan ni una palabra de inglés no alcanzábamos a entendernos, lo intentamos con señas, y al final conseguimos descifrar lo que nos querían decir, y es que ellos querían ir a Uis, una aldea a unos 250 kilómetros de donde nos encontrábamos, y querían saber si podíamos acercarlos más. Así pues, los acercamos hasta Khorixas, a mitad de camino entre el punto de partida y su destino final, donde nuestros caminos se bifurcaron. Durante el trayecto intentamos hablar con ellos, hacerles preguntas, que nos contasen algo, y aunque la barrera idiomática y cultural era enorme, fue una experiencia maravillosa.

Himba Autoestop